4 ago. 2012


Las apariencias engañan

El titulo, la portada, la presencia del tradicional cocodrilo gigante no hacen presagiar nada bueno, pero nos encontramos ante uno de esos escasos casos donde las apariencias engañan, ya que presenta una calidad inusitada en este tipo de producciones de animales gigantes que aterrorizan a una población.
Hace un manejo acertado de los tiempos y del suspense, sobre todo en el primer tramo de la historia, donde se nos presenta una visita guiada por un parque natural australiano.
Una serie de circunstancias conducirán a los excursionistas a una zona que no se encuentra dentro de lo establecido en la guía, pronto descubrirán que han entrado en el territorio de una bestia de un tamaño descomunal, que siente que su territorio ha sido invadido.
Entonces las aguas se agitaran, la embarcación y sus tripulantes se tambalearan, una caída, un grito, sangre fluyendo en las aguas, mientras una sombra se aleja. Pronto se desata una lucha por la supervivencia, en la que el monstruo acecha bajo las aguas turbias.
El punto fuerte de la trama reside en la ambientación y como maneja el suspense, evitando mostrar a la bestia precipitadamente.
Logrando generar tensiones y temores al dejar fluir la imaginación del espectador, a la hora de llegar a su clímax se precipita, haciendo uso de situaciones inverosímiles.
A pesar de ello, los efectos especiales a la hora de generar al monstruo, resultan muy satisfactorios, alejándose del tufillo de producciones cutres de cocodrilos, convirtiéndose en una pelicula que esta por encima de lo que se esperaba de ella inicialmente.

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