7 ago. 2012


Sol, arena, balas y sangre

Un hombre solitario llega a un pueblo de Texas, donde existen dos bandas de gángsteres que pretenden hacerse con el dominio de la corrupción en el pueblo.
Las bandas descubrirán las habilidades que posee el extranjero en el manejo de armas y pronto pretenderán sus servicios.

El hombre se rige por una norma, la del peso del dinero, así que sin ningún tipo de contemplaciones, ofrece sus servicios al mejor postor, con el fin de engordar su propio bolsillo.
Sin moral, sin conciencia, maneja los hilos en su propio beneficio, son solo negocios hasta que diversos sucesos hacen que se convierta en algo personal, dando lugar a una guerra de la que pocos saldrán impunes.

El sol abrasador será testigo del vuelo de las balas en un pueblo desértico, donde retumba el sonido del dolor. La arena se impregnará de la sangre de los muchos que caen en las llamas de un infierno de balas, sangre, muerte y destrucción.
Walter Hill, realiza su propia versión del Yojimbo de Akira Kurosawa, como ya hiciera anteriormente Sergio Leone con Por un puñado de dólares, centrando su planteamiento en una batalla cruenta entre gángsteres, con una atmósfera de polvo y arena envolvente, que nos transporta a otra época.

Con un empleo de la voz en off del protagonista, nos adentra en sus pensamientos repletos de sarcasmo e ironía, que ayudan a comprender las intenciones del personaje y a darle sentido a sus actos.
La presencia en el reparto de Bruce Willis y Christopher Walken resulta de lo más acertada, junto con una banda sonora que nos traslada a un ambiente hostil, de calor, arena y tiroteos, que le va como anillo al dedo.



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