20 sept. 2012

Imparable (Unstoppable) (2011)


Sin frenos, hacia el absurdo

Una concatenación de sucesos fortuitos tiene como resultado la puesta en marcha de un tren de mercancías, lleno de un peligroso combustible, sin tripulación y sin gobernante, irá aumentando progresivamente su velocidad, poniendo en peligro la vida de muchas personas.
Las autoridades no encuentran una solución viable y todo quedará en manos de dos trabajadores de la compañía de trenes, un joven aprendiz y un veterano que sabe que será sustituido por el aprendiz.


Tony Scott  (Déjà Vu, El fuego de la venganza),  vuelve montarse en un tren, después de su versión de Pelham 1, 2, 3; para presentar una historia repleta de acción y momentos de tensión.
Los personajes se desarrollan a medida que avanza la trama, aunque se queda en la superficie de sus intereses y preocupaciones, sin llegar a profundizar mucho en ellos, dejando que sea el tren de mercancías el verdadero protagonista de la película.


Tiene grandes momentos de tensión, aderezados por las intensas interpretaciones de Denzel Washington (American gangster, Déjà Vu, El fuego de la venganza, Titanes, Huracán Carter, Fallen, El demonio vestido de azul)  y Chris Pine, aunque son pasajeros de un vehículo que únicamente tiene como destino el entretenimiento.
La forma en que se desarrollan los sucesos que llevan a que el tren se ponga en marcha por equivocación, resultan forzados, aunque seguro que cosas peores han llegado a pasar en la realidad.


El argumento es, en apariencia, sencillo, y los responsables de la película ofrecen un tratamiento elegante y cuidado de la imagen, dejando un pequeño relato que abusa de situaciones vistas con anterioridad en otras producciones.

Llegando al tramo final, la historia descarrila en el momento que sobrepasa los límites de la física, resultando inverosímil e incluso desconcertante, el hecho por ejemplo de que todo el mundo se encuentre esperando la llegada del tren para conocer su desenlace, cuando lleva una carga de máximo peligro.

Así que, una vez que comienza a moverse la maquinaria del tren y a medida que avanza la trama, se va desmembrando, convirtiéndose en un vehículo anodino e inverosímil, que se dirige hacia lo ridículo, de forma imparable.



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