11 dic. 2012


Hipnótica e incomprensible belleza

Un prestigioso cirujano secuestra jóvenes muchachas con el fin de reconstruir el rostro maltrecho de su hija. Premisa argumental atractiva, inundada por un magnetismo hipnótico que ofrece el retrato de una pesadilla enfermiza absorbente.

El director Georges Franju, otorga a su obra un ritmo pausado, casi parsimonioso, ofreciendo unos personajes esclavos de anhelos imposibles, deudores de la apariencia y la belleza, sumergidos en una profunda oscuridad.



Expone con claridad los tormentos por los que son azotados los personajes, ofreciendo el perfil de un monstruo, capaz de cualquier cosa por obtener sus fines, que llegan a estar por encima del bienestar de su propia hija.



Una joven muchacha con el rostro cubierto por una máscara, pasea por los pasillos de su hogar como una figura fantasmagórica que se alimenta de la esperanza de recuperar su apariencia. A través de Los ojos sin rostro, se aprecian las esperanzas e ilusiones de un ser, que anhela liberarse de la esclavitud que supone no tener rostro.

Plasma y transmite la agonía del personaje, con sus temores, inquietudes, apoyándose en una atmósfera opresiva y por momentos claustrofobia, en la que la libertad se ve limitada por los barrotes del miedo a la apariencia.



Genera y maneja con acierto el suspense alrededor de una historia oscura y perturbadora, que alcanza un desenlace casi poético, logrando otorgar una hipnótica e incomprensible belleza al conjunto.




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