24 ene. 2013


Mezcla perfecta

Quentin Tarantino (Malditos bastardos), ese encargado de videoclub que se dedicaba a devorar producciones de serie B, seguidor del cine de Sergio Leone y del spaguetti western, se da un homenaje a si mismo y a esas viejas producciones de pistoleros, con esta grandilocuente producción repleta de guiños y referencias.
Bautiza su trabajo con el título de Django, una producción italiana dirigida por Sergio Corbucci (Los despiadados), que ha sido testigo de numerosas secuelas y versiones, a la que aquí homenajea directamente empleando su banda sonora y contando en su reparto con Franco Nero, el actor que interpretó al Django original.
Más allá de la referencia a Django, presenta una historia sencilla de venganzas y redención, en la que un esclavo es liberado por un caza recompensas que le ofrece un trato, que le permitirá a encontrar a su mujer esclavizada y rescatarla de las manos de un poderoso propietario de una plantación.
Tarantino se aleja de las historias presentadas por episodios y desarrolla el argumento  siguiendo un esquema tradicional, con un comienzo, un nudo y un desenlace, en el que ofrece un amplio abanico de personajes carismáticos y bien desarrollados.
Imprime a la trama el pulso y la intensidad necesaria para atrapar al espectador desde el primer momento, sometiéndolo a secuencias de acción plagadas de violencia y baños de sangre, acompañadas por un mordaz e irónico sentido del humor que desencadena momentos verdaderamente hilarantes.
Todo está cuidado hasta el más mínimo detalle, Tarantino se rodea de los elementos necesarios para ofrecer un sentido homenaje a las viejas producciones del oeste, apoyándose en un reparto excepcional que encaja a la perfección en cada uno de los papeles que presenta el argumento.
Se apoya en un reparto en estado de gracia, destacando la labor de unos excepcionales Leonardo Di Caprio, Jamie Fox (Collateral), Samuel L. Jackson y la voraz participación de un magnífico Christopher Waltz (Malditos bastardos), pasando por todos y cada uno de los secundarios, haciendo que la selección de intérpretes resulte de lo más acertada.
Con sus personajes, Tarantino, sigue con los esquemas del viejo oeste, ofreciendo guiños a Dos hombres y un destino, para pasar al trío protagonista del cine de Sergio Leone, y finalmente romper las cadenas de los cánones habituales, ofreciendo novedades en el comportamiento de sus personajes, sirva como ejemplo el personaje interpretado por Samuel L. Jackson, que le permiten jugar con el humor irónico.
Otro de los puntos fuertes de la producción reside en la banda sonora y en la selección musical, que se convierte en un personaje más de la trama, acompañando cada secuencia de una forma encomiable.
Al igual que el argumento, presenta referencias al cine de Leone con la participación de Ennio Morricone, que pone su talento musical al servicio del trabajo de Tarantino, que acompañado por la selección musical escogida por el propio director, generan la ecuación perfecta para este relato. Se aprecian homenajes y guiños a diversos Spaghetti western, entre los que podemos mencionar El día de la ira, Los despiadados, Los largos días de la venganza, Salario para matar, Dos mulas y una mujer, entre otros muchos.
No cuenta con los diálogos dinámicos y chispeantes del cine de antaño de su director, pero sigue guardando su toque personal, haciendo que cada palabra pueda ser tan o más peligrosa que una bala.
Tarantino no cuenta nada nuevo, se limita a contar una historia sencilla de venganzas y búsqueda de libertad, pero la clave no es lo que cuenta, si no como lo cuenta. No ofrece un momento de respiro, muestra la violencia y sus efectos de una forma contundente e implacable, dando rienda suelta a los disparos que desencadenan baños de sangre.
El director, enamorado de sus personajes y de la historia que cuenta, se deja llevar por el entusiasmo y ofrece una producción de larga duración, que podría resultar excesiva, pero que indiscutiblemente deja atrapado al espectador entre las cadenas de la venganza y la sangre.
Desmedida y grandilocuente producción, la ecuación perfecta entre violencia y humor ácido, que sacia la sed de sangre de los seguidores de Tarantino. Un director diferente y con personalidad, que emplea todas sus armas, para dejar su sello personal en cada trabajo que realiza, siempre guarda una bala en la recamara con la que sorprender.



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