29 mar. 2013

Sólo hay un maestro del suspense

Tras romper con su pareja un hombre en plena crisis emocional y económica, consigue que un conocido le deje hospedarse en una casa. Desde donde ve como una mujer es asesinada.
Brian De Palma firma un guión que le permite jugar con algunas de las historias del maestro del suspense Alfred Hitchcock, ofreciendo claras reminiscencias de Vértigo, La ventana indiscreta y Un crimen perfecto.
El esquema argumental de la trama resulta sencillo y se desarrolla apoyándose en situaciones que resultan forzosas y por momentos inverosímiles.
En el reparto destaca la presencia de Melanie Griffith en otro claro guiño al maestro del suspense, puesto que es la hija de Tippi Hedren la musa deseada de Alfred Hitchcock.
En un segundo plano queda el actor encargado de interpretar el papel protagonista, olvidado con el paso del tiempo, que no reúne el carisma y el renombre necesario para ser el protagonista.
El argumento presenta dos partes bien distinguidas, la primera de ellas cargada de un toque sensual y una clara tendencia voyeurista, que convierte al espectador en un voyeur más.
La segunda parte del argumento y en parte más débil es la que recoge la búsqueda e investigación que realiza el protagonista para localizar a una mujer adentrándose en el mundo del porno.
La trama pierde solidez y seriedad, ofreciendo un toque humorístico que no concuerda con lo presentado hasta ese momento, perdiendo credibilidad y coherencia.
Desentonan secuencias como la de un video musical, en la que suena una conocida canción y termina por ofrecer un clímax irregular y absurdo.
Se queda en un intento desenfadado de emular al maestro del suspense por parte de Brian De Palma, que nos recuerda porque Alfred hithcock sigue siendo el maestro del suspense.

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