2 abr. 2013




Superproducción épica y emocionante

En plena guerra de revolución americana, un veterano y leyenda viva de los campos de combate, pretende vivir con su familia alejado de las confrontaciones, pero pronto deberá luchar por defender la vida de sus descendientes y la libertad de su patria.



Primera incursión en el cine histórico y épico para Roland Emmerich (Stargate, Soldado universal), director de grandes superproducciones catastrofistas y de ciencia ficción, que solventa con oficio una historia sólida de aventuras, batallas y venganza, con los valores de la familia como núcleo central y presentada dentro del marco histórico de la revolución vivida en América.



Consigue encontrar el equilibrio entre las grandes batallas y los momentos íntimos de los personajes principales, ofreciendo un amplio abanico de personajes bien definidos y característicos que forman parte del grupo de milicianos, donde cada uno tiene su motivación, pero todos luchan por un bien común.



Toca los valores de la familia, a través de la figura paterna del clan familiar, plasmando el dolor y sin sentido de las guerras, que son capaces de destruir todo a su paso. Su director presenta con claridad los enfrentamientos bélicos, ofreciendo una visión de las estrategias seguidas por ambos bandos y evita caer en el truco fácil del barullo. 



Se apoya en unos excepcionales efectos especiales, para plasmar con verosimilitud los efectos devastadores que tiene una bala de cañón y maneja con acierto los tiempos, para ofrecer instantes de pausa que permiten seguir el desarrollo de las emociones y sensaciones de los diferentes personajes.



Cuenta en su reparto con la soberbia presencia de Mel Gibson (El hombre sin rostro, Gallipoli), que logra mostrarse como protector de su familia y defensor de unos ideales, con dulzura y violencia bruta en los momentos necesarios. Le secundan el correcto Heath Ledger (Diez razones para odiarte) y un imponente Jason Isaacs (Soldier, Horizonte final), que encarna a uno de esos villanos que despiertan la aversión del espectador.



Destaca la selección y participación del elenco de secundarios, logrando dotar a la historia de vida propia, ofreciendo momentos entrañables que llegan a hacer un nudo en la garganta. Cuenta con la destacable banda sonora del maestro John Williams (Tiburón), que consigue alcanzar el mismo tono y equilibrio de la historia que presenta, ofreciendo momentos grandilocuentes intercalados con instantes para la ternura y las emociones.



Todo un espectáculo épico, que tiene en su historia y personajes, las armas necesarias para alcanzar la victoria del éxito.



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