16 ago. 2013



Sin más

Dos delincuentes de poca monta deciden dar un golpe en una timba en la que se encuentran destacados miembros de la mafia y el crimen, llevándose un gran botín que pondrá en peligro sus vidas.

Nueva colaboración de Brad Pitt (Malditos bastardos), con el director de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, en la que Pitt deslumbra con su imponente presencia, encarnando a un frió e implacable asesino, haciendo sombra al resto del reparto.

Su director Andrew Dominic (Chopper), cuenta una historia simple y muy trillada que no sorprende, aunque ofrece destellos de la calidad que atesora, con momentos de cine puro con un tono oscuro y sombrío, que retrata la soledad del individuo en una sociedad en crisis. La simplicidad del argumento provoca que se presenten diversas subtramas que son inconexas y no aportan solidez al argumento, quedando incompletas. Algunos personajes como el interpretado por James Gandolfini (Coacción a un jurado), quedan desaprovechados y no llegan a aportar nada relevante.

El estilo visual austero presente en las secuencias de violencia ayuda a ofrecer una visión fría e implacable del crimen, donde cabe destacar el empleo de efectos sonoros que rompen los silencios prolongados con el sonido seco de una bala o la fractura de huesos en un enfrentamiento. Abusa del empleo de los discursos del presidente Obama para hacer el relato más actual, haciendo menciones a la crisis económica y la unión de la comunicad americana, ofreciendo un discurso simplista al alcanzar su desenlace.


Lo mejor, sin duda, la apabullante presencia de Brad Pitt, que sigue participando en productos diferentes que no están exentos de interés. Mátalos suavemente, queda como un producto de esos intrascendentes que pretende ofrecer más de lo que realmente ofrece. 

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