16 sept. 2013


El aprendiz no supera al maestro


Walter Hill ofrece el relato de las andaduras de los tradicionales ladrones de bancos y ferrocarriles del lejano oeste, apoyándose en tres clanes familiares de intérpretes que dan vida a Jesse James y sus compañeros de fatigas.

El desarrollo de la trama muestra la vida cotidiana de los malhechores intercalando sus golpes y problemas en el clan, ofreciendo como resultado una trama incompleta, ya que no llega a presentar con claridad algunos de los personajes y cayendo en la reiteración, con el empleo de innumerables secuencias acompañadas por un banjo, que únicamente tienen como fin, reconstruir la etapa del oeste.



Algunas secuencias de enfrentamiento resultan innecesarias e incluso ridículas, puesto que se alejan de cualquier lógica y el argumento pierde consistencia con algunas historias secundarias que no van a ninguna parte.

Ofrece con claridad la visión misógina de la época, castigando y humillando el papel de la mujer en cada secuencia, convirtiéndola en un mero objeto de placer y servicio. Walter Hill colaborador en alguna de las películas de Sam Peckinpah, se nutre de lo aprendido con el maestro de la cámara lenta y de la violencia, para ofrecer secuencias de acción impactantes, que en algunos instantes abusan del empleo de la cámara lenta y que llegan a ser confusas innecesariamente.




En este caso el aprendiz no supera al maestro y únicamente consigue salir ileso con un suficiente, de la comparación que se le puede hacer frente al genio de Peckinpah.


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