19 sept. 2013




Un placer seguir disfrutando de él

Clint Eastwood vuelve a ponerse delante de las cámaras, para ofrecer una nueva interpretación que llena la pantalla con su sola presencia, metiéndose en el papel que mejor sabe hacer, el de un viejo gruñón que tiene el culo pelado en su profesión, como ojeador de béisbol.

Ligera y entretenida, posee un desarrollo fluido que va adentrándose paulatinamente en el estilo de vida de los protagonistas, vertiendo luz sobre sus propósitos, ambiciones y preocupaciones. A partir de la sencillez y de un guión previsible e incluso predecible, logra encontrar el equilibrio entre un deporte como el béisbol y el relato humano, lleno de emociones y valores.


En el reparto destaca la presencia no molesta de Justin Timberlake (La red social), acompañado por una dulce y luchadora Amy Adams (La gran estafa Americana), rodeados de algunos secundarios de renombre como John Goodman ( El gran Lebowski, Momuments men) y Robert Patrick.

Aunque uno no siga un deporte como el béisbol, ni entienda mucho, se sigue con facilidad, convirtiéndose en la excusa perfecta para contar una historia de amor, superación y confirmación, que deja el buen sabor del cine tradicional. Cuenta con una fotografía sencilla y natural, acompañada por una banda sonora delicada que encaja perfectamente con el relato.



Es un placer volver a ver a Clint Eastwood, aunque sea para ofrecer un papel casi calcado de sus anteriores trabajos como Million Dollar Baby o Gran Torino, simplemente hace lo que sabe hacer y llena la pantalla por completo, él otorga personalidad y entidad al relato, como pocos.


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