10 ene. 2014


Sin magia

Sobre el papel La casa al final de la calle, promete más de lo que ofrece, tras un perturbador suceso en una casa, una madre y su hija se trasladan a vivir a una zona próxima a donde se dieron los escalofriantes hechos. De esta forma comienza una película que promete terror, suspense, misterio y alguna que otra sorpresa, pero que a medida que se desarrolla, evidencia que sigue el esquema habitual de este tipo de producciones, sin llegar a cumplir con las posibles expectativas depositadas en ella. 

Cuenta con los elementos necesarios para generar suspense, alrededor del extraño misterio que rodea a los sucesos acaecidos en el pasado en la casa, donde sigue viviendo un joven misterioso, pero no llega a aprovecharlos. 

Comete el error de caer en los tópicos que se dan en este tipo de producciones, tanto en lo referente a los personajes, sus comportamientos y en el desarrollo de las escenas de suspense y supuesto terror. Se hace previsible en muchos puntos, la historia que surge entre la vecina que se siente atraída por el chico misterioso, los matones que se meten con el tío raro y la madre sobreprotectora, elementos simples para una película de suspense floja. 

Como reclamo comercial, cuenta con la atractiva presencia en su reparto de Jennifer Lawrence, ganadora del Oscar por El lado bueno de las cosas, que se limita a poner el piloto automático y llevar los tradicionales escotes que lucen las jóvenes protagonistas en las películas de terror. Del mismo modo cuenta con Elisabeth Shue, la que fuera deseada por muchos en otro tiempo, relegada a un papel secundario, haciendo de madre de la protagonista.


El director apuesta por el empleo de efectos de cámara, para generar confusión y suspense, intentando camuflar las trampas y entresijos que esconde la trama, pero lo hace de una forma tan forzada, que involuntariamente hace que el espectador se plantee dudas acerca de lo que esta viendo. 

Juega con la ambigüedad de uno de los personajes para añadir más dosis de misterio y suspense a la trama y emplea los tradicionales trucos del cine, para generar instantes de terror, que no llegan a pasar del susto puntual, con el empleo de efectos de sonido y el aumento de volumen de la música en el momento idóneo. 

El desarrollo de la historia se va haciendo insostenible y todo se precipita vertiginosamente a una sucesión de situaciones forzadas, al tiempo que previsibles. 

Sigue las pautas del cine reciente e intenta sorprender con un giro argumental, que descoloque, pero que ya no coge desprevenido a nadie, a lo mejor a algún despistado, y ya en el comienzo hace intuir lo que esconde la trama.

Es como ir a un espectáculo de magia y anticiparse a los números del mago que van a venir e incluso descubrir sus trucajes, perdiéndose en ese momento toda la magia. Es lo que ocurre mientras uno ve esta película, se anticipa a todo lo que va pasando e incluso descubre el pastel sorpresa nada más dar comienzo la película, lo cual denota la torpeza del director a la hora de trasladar la historia a la pantalla. Un mago del suspense, torpe y mediocre, que imita hasta la saciedad los tópicos del género, nada nuevo en La casa al final de la calle.

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