25 jun. 2014

Muere el actor Eli Wallach


Nos vemos feo

Si hablamos de actores secundarios multifacéticos y prolíficos, con un rostro inmediatamente reconocible por la amplia mayoría de espectadores pero sólo identificado con su nombre por un puñado escaso, Eli Wallach es el ejemplo perfecto. El actor de Brooklyn, que ha fallecido a los 98 años, interpretó más de centenar y medio de papeles durante sesenta años de carrera en cine, teatro y televisión. En una filmografía tan amplia y versátil como irregular, algunos papeles conseguían grabarse a fuego en la memoria: Calvera en Los siete magníficos (1960), Guido en Vidas rebeldes (1961), Tuco en El bueno, el feo y el malo (1966)... incluso Don Altobello en El padrino. Parte III (1990).


Wallach nació en Brookyln, Nueva York, en 1915 y muy pronto empezó a interesarse por el arte dramático. Ni siquiera la Segunda Guerra Mundial cortó su pasión: fue subteniente en el frente francés, donde una de sus ocupaciones favoritas era interpretar a Adolf Hitler en una pieza satírica que representaban para animar a las tropas. De vuelta a EE UU, el actor hizo carrera sobre los escenarios con obras de Tennesse Williams y Eugène Ionesco. Sobre las tablas conoció a su mujer Anne Jackson, también actriz e inseparables desde entonces. Baby Doll (1956), a las órdenes de Elia Kazan, sería el primero de un interminable número de papeles cinematográficos. Los dos últimos fueron en El escritor con Roman Polanski y Wall Street 2: El dinero nunca duerme con Oliver Stone en 2010, antes de retirarse.


No importaba el rol, Wallach siempre lo bordaba con una mezcla de oficio y naturalidad que conseguían la alquimia sólo reservada para quienes se mueven al fondo: resultar creíble a la vez que reconocible, pero sin aspavientos. Esa capacidad camaleónica y constancia profesional fueron alabadas en varias ocasiones por la crítica y con algún que otro premio —el BAFTA de actor revelación por Baby Doll, un Emmy y cuatro nominaciones—, aunque la Academia nunca le prestó atención hasta brindarle un Oscar honorífico en 2011 en reconocimiento a toda su carrera. "No actúo para vivir, vivo para actuar", dijo al recogerlo de las manos de su amigo Clint Eastwood.

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