2 jun. 2014


La noche del absurdo

No se por donde empezar con la crítica de La noche de las bestias, una película decepcionante que se nutre de innumerables referencias que no funcionan, al perder el factor sorpresa. 

Parte de una premisa interesante, presentando un mundo futuro, donde los dirigentes de la sociedad americana, permiten que un día al año se de rienda suelta a todo tipo de crímenes, sin tener que responder ante la ley. 

Lo que inicialmente parece una idea novedosa e interesante, termina por caer en un producto pobre, mediocre e irregular. 

En su argumento y desarrollo se aprecian influencias de La noche de los muertos vivientes, Asalto a la comisaría del distrito 13, Funny Games e incluso de La naranja mecánica.

La presentación y desarrollo de los personajes principales es muy pobre y limitado. En ningún momento resulta creíble el estilo de vida familiar que presenta.


Una vez presenta los personajes principales, por decirlo de alguna forma, el argumento se vuelca por completo en una oleada de violencia ilógica e insostenible. 

El detonante y la forma en que se precipitan los acontecimientos, resultan forzados y fuera de toda lógica. 

Intenta jugar con el terror y el suspense añadiendo secuencias de acción y violencia, pero lo hace de una forma torpe y mediocre, abusando de la oscuridad y de los destellos de luz, junto con los típicos sustos puntuales previsibles. 

Presenta un cúmulo de situaciones y comportamientos insostenibles. Lo único que mantiene el interés por la trama es comprobar cuando y como acabará todo.

Las interpretaciones del reparto carecen de la intensidad necesaria. Es como si los propios intérpretes perdieran interés por lo que pudiera sucederle a sus personajes. En ningún momento logran hacer verosímil, la tremenda situación que sufren.

Ethan Hawke se pasea por cada escena con un exceso de maquillaje, intentando cubrir las limitaciones de su vergonzosa participación. 

El desarrollo y solución que encuentran diversas situaciones, se hace excesivamente previsible, eliminando cualquier atisbo de sorpresa.


Intenta presentar y desarrollar una cuestión moral, pero se queda en intento, ya que se resuelve con la misma celeridad que se plantea. Una solución demasiado simple y políticamente correcta, que al tiempo, resulta inverosímil. 

A pesar de su corta duración, termina por resultar monótona, aburrida y carente de sentido. 

La noche de las bestias es un producto que parece dirigido directamente para el consumo de televisión. Es preferible ir al zoo a ver otro tipo de bestias, que invertir tiempo en esta mediocridad.

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