8 jun. 2014


No hace falta ser vidente

Producto creado para su explotación en televisión con un limitado y poco original argumento, en el que una mujer tiene sueños con lo que parece ser un crimen.

No presenta verdaderos retos para la psique humana y el desarrollo de la trama resulta endeble y predecible. Tiene un comiendo que va directo al grano, presentando las visiones que tiene la protagonista que hacen que de comienzo una investigación policial.

Una premisa inicial que parece atractiva, pero que resulta insostenible e ilógica, ya que cuesta creer que la policía haga caso de la primera persona que aparece diciendo que ha tenido un sueño perturbador. 

El relato discurre con ligereza y va presentando personajes secundarios que intentan desviar la atención del verdadero problema, pero que en realidad tienen el efecto contrario, ya que para los habituales del género de suspense, pasan a convertirse en los principales sospechosos. Razón por la cual, todo lo que van desvelando las ensoñaciones de la protagonista carezcan de un ápice de sorpresa.


Las interpretaciones del reparto se puede decir que son discretas y donde no destaca nada, ni nadie. Tienen la misma vida que el material del decorado.

El romance que surge entre los protagonistas se ve venir de lejos, al tiempo que se hace necesario, puesto que el hilo de la investigación policial pierde interés prematuramente. 

El estilo visual de las visiones resulta pobre y en muchos aspectos ridículo, haciendo mención especial a esa playa por donde se pasea un individuo vestido de negro con una niña en brazos que parece Caperucita. La forma de desarrollar la investigación apoyándose casi exclusivamente en las visiones de la protagonista, hace que todos los misterios se resuelvan a base de sueños, que resultan confusos y tramposos.


Después de largas y numerosas visiones, llega el momento de dar sentido a todo y los responsables de la película, optan por el modo precipitado y fácil. Por arte de magia uno de los protagonistas da con la clave del caso y le falta decir: Eureka!

En resumidas cuentas no deja de ser un telefilm de cuatro de la tarde, para el consumo de público poco exigente, que quiera conciliar el sueño con facilidad, para despertar justo en la resolución del caso.

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