1 sept. 2014


Canto a la vida

Una Canción para Marion ofrece lo que se espera de ella, un relato emotivo, entrañable y pasajero, lleno de cariño, amor, amistad y bellos sentimientos. No es una película que sorprenda, sigue un esquema convencional muy previsible, pero conecta con el espectador desde un comienzo por la ternura que despiertan sus protagonistas, tiene alma, corazón, enamora desde su sencillez. Presenta a una mujer mayor, enferma de cáncer, que encuentra refugio en los compañeros de un grupo de canto, algo que su marido, gruñón, no ve con buenos ojos.


La película lejos de volcarse en el drama, apuesta por un tratamiento superficial de los problemas a los que deben hacer frente los componentes de la familia y logra ofrecer un entretenimiento desenfadado, en el que hay espacio para el humor y las emociones.

Se apoya en la interpretación de dos grandes veteranos de la interpretación como son Vanesa Redgrave y Terence Stamp, encarnando a un matrimonio entrañable. Ella es todo optimismo y él es justo lo contrario, pero se complementan y su relación ofrece la posibilidad de generar situaciones cómicas. Los responsables de la película se nutren del carisma que desprende el veterano reparto de secundarios, creando un grupo de coro entrañable, lleno de energía, chispa y ganas de disfrutar cantando.


Puede que el tono del conjunto de la película peque de ser demasiado idealista y que todo quede edulcorado, pero se le perdona porque a veces el cine está para eso, para entretener y ofrecer historias positivas, que bastante negro está ya el mundo.

Cine de buenas intenciones, más que previsible, pero que deja un buen sabor de boca. La canción de Marion es un canto a la vida y, como cierra la propia película, a la familia.

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