25 oct. 2014


Ingeniosa trama criminal

Nueva moda en el crimen, constituye todo un descubrimiento, un fabuloso relato de intriga y suspense, apoyado en un más que interesante argumento, en el que un exagente del espionaje debe deshacerse de cuatro componentes de la organización a la que perteneció.

La película tiene un comienzo intrigante, al tiempo que magnético. Presenta a los diferentes personajes como piezas de un puzzle que va cobrando sentido a medida que avanza la trama. El veterano y reconocido actor, James Coburn (Maverick, Harry dedos largos, La gran evasión, El gran halcón, Alto riesgo, Pat Garret y Billy el niño, El luchador, Mayor Dundee, El poder del fuego, Los siete magníficos, La cruz de hierro), encarna a un personaje frío, calculador y manipulador, que urde un sofisticado e ingenioso plan, donde cada uno de los personajes se convierte en una pieza indispensable.

El director Ken Hughes, pone las fichas sobre la mesa y describe cuáles serán los movimientos que va a realizar con cada una de ellas para la ejecución de una jugada maestra, tras lo que sólo queda contemplar con la máxima atención el desarrollo de la misma.

Lo que en un principio podría restar misterio al conjunto del relato, al explicar detalladamente cuáles serán los pasos que deben seguir los diversos personajes, no sólo no le resta misterio, sino que lo potencia, despertando así la atención del espectador que vigila con recelo todo lo que sucede ante sus ojos.

El sólido y plausible argumento, presenta y desarrolla un complejo crimen de una forma sencilla y fácil de comprender, lo que facilita el seguimiento del mismo, haciendo fácil lo difícil de una forma notable. Destaca el meticuloso e ingenioso código de llamadas que emplea el protagonista para llevar a cabo su ejecución.

La selección del reparto está a la altura del relato y cada uno de los diferentes personajes presentan claros aspectos diferenciadores del resto; James Coburn presenta el carisma y la fama de tipo duro que siempre le acompañó, para convertirse en el director de orquesta, tomando con firmeza la batuta para manipular y controlar a los diferentes personajes a su antojo. Otro punto destacado de la película y que podría considerarse un personaje más, es la banda sonora, que le da el toque preciso de suspense y acción nerviosa que requiere la misma, encajando a la perfección. El director, como el propio personaje de James Coburn, cuida cada detalle y domina los tiempos del suspense, imprimiendo al relato un ritmo narrativo endiablado que no deja un instante para que el espectador baje la guardia.

Sólo queda recomendar esta película y reivindicarla como un gran thriller que pasó desapercibido en su tiempo, pero que, sin duda, merece ser visto. No defrauda y esconde gratas sorpresas.







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