18 feb. 2015

La bella y la bestia (2014)


Preciosista recreación del cuento de siempre

Nueva adaptación del clásico cuento de La bella y la bestia, ofreciendo un cuidado y preciosista relato donde el amor prevalece por encima de la apariencia física. 

El director y guionista, Christophe Gans, se apoya en las bases del cuento original para generar un nuevo mundo donde da cabida a todo tipo de seres fantásticos y mitológicos, apoyándose en unos notables y ambiciosos efectos especiales que hacen realidad lo inimaginable. La película presenta un estilo visual colorista donde cada imagen y secuencias tienen el aspecto de algo mágico e inolvidable, ofreciendo un relato inundado por la belleza visual que se desentiende por momentos del rigor de la adaptación. Cuenta con unos sofisticados y notables efectos especiales que hacen creíble la apariencia de los seres que se presentan a lo largo del relato, pero el director abusa en exceso del poder técnico, saturando la película de innumerables efectos digitales que se antojan, por momentos, innecesarios. Mención especial merece la aparición de figuras gigantes, al más puro estilo de El señor de los anillos.


La caracterización del personaje principal de la bestia, logra resultar convincente, gracias a la labor de los técnicos de efectos especiales y al manejo de la cámara del director que evita mostrar a la bestia prematuramente. Las libertades que se toma el director y guionista de la película, a la hora de adaptar la historia original, hace que no se capte ni se desarrolle con verdadera profundidad y dedicación la relación amorosa de los protagonistas; por arte de magia y sin apenas compartir momentos juntos, el amor surge. 

En el reparto destaca la presencia de Vicent Cassel, que se encarga de dar voz e interpretar a la bestia, bajo el empleo de los numerosos efectos especiales y el trabajo de maquillaje, donde cuesta discernir lo que es real de lo imaginario. Léa Seydoux, la actriz encargada del papel de la bella, cumple con los cánones de belleza establecidos y despierta la simpatía del público con facilidad, ya que, es un personaje dulce y entrañable. Por la película se deja ver Eduardo Noriega, con una cicatriz que afea su rostro, pero que no consigue silenciar los gritos y excesos habituales de este actor a la hora de interpretar.


El director se deja llevar por el entusiasmo y la belleza de las imágenes, apostando por la grandilocuencia y espectacularidad de los efectos especiales, olvidando que la historia que tiene entre manos ya es bella y eterna de por sí. A pesar de algunos excesos, logra ofrecer un relato agradable y convincente que contiene la esencia y la magia del original, que es lo que realmente prevalece más allá de los artificios.

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