8 feb. 2015


“La gran estafa americana”

David O. Rusell se rodea de un reparto excepcional para trasladar y desarrollar un relato de engaños basado en hechos reales, en el que un agente del FBI manipula y extorsiona a dos estafadores para dar caza a políticos y mafiosos.

El punto de partida del argumento es realmente atractivo y magnético, el cuidado de la imagen, el vestuario, la ambientación y la notable calidad interpretativa de todo el reparto es prometedor, pero la película no termina de ser redonda y no alcanza el nivel de gran obra que podría esperarse de ella, haciendo que haga honor a su título, convirtiéndose en La gran estafa americana. 

El director sabe otorgar al relato un tono desenfadado, dejando espacio para el humor y el entretenimiento a base de engaños constantes, donde nada es lo que parece. Todo un baile de engaños y mentiras donde cada personaje vive la realidad a su manera creyendo lo que quiere creer y aparentando lo que la sociedad espera de ellos. Los personajes y sus motivaciones personales quedan bien presentados y desarrollados, los intérpretes saben reírse de sus personajes y de sí mismos, regalando situaciones realmente cómicas, jugando con los peinados y haciendo gala de grandes caracterizaciones.


La película, basada en hechos reales, cuenta con una cuidada y notable ambientación de la época de los setenta, apoyándose en el vestuario de la época y acompañando a cada secuencia una selección musical acertada plagada de mensajes subliminales. 

La estructura y la forma que tiene el director de presentar el relato resulta ingeniosa y tramposa, por momentos, confusa y enrevesada, en la que todos los personajes y sus respectivas motivaciones están en confrontación. Todos los intérpretes del relato, desde el primero al último, destacan por su labor interpretativa, participando activamente en el relato de engaños donde las apariencias confunden. Mezcla la trama de la estafa con las situaciones personales de los personajes de una forma ligeramente excesiva, abriendo subtramas que desvían la atención de lo que realmente interesa. La película se tambalea por el exceso de duración del metraje y algunas historias secundarias no se cierran o se resuelven con acierto, es como si el director no supiera poner fin al relato.


Al llegar a su desenlace, deja al espectador la sensación de haber vivido una estafa en sus propias carnes, ya que, ha invertido su dinero para ver una película que, sobre el papel y con los intérpretes que tiene, prometía más de lo que ofrece. Alcanza un desenlace esperado y decepcionante debido a que, a lo largo de su excesiva duración, no existe un instante en el que se explique con claridad cuáles son los planes de los protagonistas y hace que parezca un final sacado de la manga para salir al paso.

Las campañas de promoción de las productoras, el gancho comercial de los intérpretes que participan en ella y la esperada lluvia de premios, tras las numerosas nominaciones, se convirtieron en el gancho ideal para atraer al público y realizar “La gran estafa americana”.

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