3 feb. 2015


Tesis deficiente

Relato de misterio y suspense que gira en torno a las cábalas y suposiciones realizadas por un reputado profesor y abogado alrededor del asesinato de una de sus estudiantes.

Producción argentina que intenta repetir el éxito de crítica y público cosechado por El secreto de sus ojos, que vuelve a contar con el máximo representante del cine argentino, Ricardo Darín, como reclamo para el público y para tener una interpretación de cierta calidad y prestigio. Tiene un comienzo disperso e inconexo, en un primer tramo, que no llega a enganchar realmente, donde se presenta a un profesor empeñado en recibir y mantener conversaciones telefónicas; lo único que despierta la atención del espectador es la aparición del cadáver y la posterior investigación del mismo.


Los responsables de la película juegan con el suspense de una forma torpe, y dejan indicios e indicaciones sobre el posible autor del crimen, cayendo en una evidencia simple alarmante, haciendo que las sospechas recaigan de forma precipitada sobre un posible sospechoso. Todo se antoja demasiado evidente, tanto para el espectador como para el personaje que interpreta Ricardo Darín, haciendo que el interés del relato se sustente, únicamente, en un suspense ficticio y creado de una forma forzada a partir de los pensamientos e indagaciones del protagonista. Las investigaciones y suposiciones en las que se basan las sospechas, no alcanzan un desarrollo que ofrezca pruebas ni indicios consistentes, haciendo que todo tome el cauce de la obsesión.

Ricardo Darin cumple con su cometido como representante del cine argentino en auge, sirviendo como reclamo publicitario en un relato en el que no llega a brillar, ofreciendo una interpretación, por momentos, discreta, recordando que su labor como intérprete está sobrevalorada. La película navega por las aguas del misterio y la obsesión, luchando contra el fuerte oleaje del aburrimiento, pero no lo consigue a pesar de los esfuerzos de unos y otros, que se limitan a crear una atmósfera de misterio constante que no termina de cuajar ni alcanzar una solución satisfactoria.


El desenlace se antoja pretencioso, ya que, en un afán por dejar con la boca abierta al espectador, riza demasiado el rizo y cae estrepitosamente en algo fallido que sólo la obsesión puede llegar a comprender.

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