20 may. 2015

Big eyes (2014)


Burton menor

Big Eyes es una nueva demostración de la crisis artística y de ideas por la que está pasando Tim Burton, que firma un relato basado en hechos reales plagado de ideas que, en su época, fueron revolucionarias pero, en la actualidad, ya no sorprenden. 

Presenta un argumento propio de una producción de televisión, donde se relata la historia de Margaret y Walter Keane. En los años 50 y 60 del siglo pasado, tuvieron un éxito enorme los cuadros que representaban niños de grandes ojos. La autora era Margaret, pero los firmaba Walter, su marido, porque, al parecer, él era muy hábil para el marketing. Un fiel reflejo de otro tiempo y de otra manera de pensar donde la labor de las mujeres quedaba a la sombra de los hombres, haciendo que su gran aportación a la sociedad no se valorase como tal.



Lo que pretende contar es interesante, pero Burton lo hace sin personalidad y sin el dramatismo necesario, es una especie de trabajo impersonal que lleva su firma, pero porque lo dicen los créditos, porque perfectamente podría haber sido rodado por cualquier otro director.  De no llevar la firma de Burton, no me cabe duda que esta producción hubiera ido directa al mercado de la televisión.

Burton se aleja de su mundo de fantasía y de sus excentricidades para intentar cambiar de registro por algo realista, pero es innegable que el director ha caído desde hace mucho tiempo en el encasillamiento y puede que sea castigado por intentar ofrecer productos serios donde no hay esa atmósfera gótica de la que le gusta hacer uso. 


El argumento logra ofrecer una sátira y una mirada crítica a la forma de pensar de una época, donde las mujeres estaban en un segundo plano, logrando a su vez hacer una crítica mordaz al mundo del arte y la cultura, dejando claro que todo gira alrededor de las modas y los iconos. No ofrece nada que llegue a sorprender, lo que cuenta es interesante pero no deslumbrante.

Se apoya en dos intérpretes de renombre que ayudan a elevar la calidad de la producción como son Christoph Waltz (Malditos bastardos, Django desencadenado), y Amy Adams (La gran estafa americana, El hombre de acero, Golpe de efecto, Tenías que ser tú), excepcionales en sus papeles, aunque el ganador del Oscar a mejor actor secundario en dos ocasiones, deja la sensación de caer en la reiteración interpretativa, mostrando mismos gestos que en sus otras interpretaciones. 



La historia se sigue con facilidad y resulta previsible en todo momento, Burton introduce y da paso a pequeños instantes donde explotar su sentido del humor, quitando dramatismo a la temática de la película y haciendo que el propio espectador no se tome en serio lo que está viendo. El director, acostumbrado a las recientes grandes producciones, deja la sensación de que ha olvidado cómo contar historias sin caer en la prolongación innecesaria del tiempo de duración de la película. Una historia que con menos duración podría haber funcionado mejor y que deja claro que es un relato digno de contar y necesario, pero que en otras manos y con otro tratamiento hubiera funcionado mejor. 


Tim Burton, está echando abajo todo el prestigio conseguido y empieza a firmar proyectos impersonales y carentes de lo que caracterizaba su obra. Sólo hay que echar un poco la vista atrás y recordar productos como El planeta de los simios, Alicia en el país de las maravillas, Sombras tenebrosas y producciones recientes que beben del pasado de la obra del artista como Frankiweenie y próximamente Bitelchus. Burton está falto de ideas y cada vez se nota más. Ha perdido su encanto y ya no convence con sus trabajos.

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