1 jun. 2015


Servidores del bien


Producción de claro y notorio corte televisivo que adapta una novela de Dean R. Koontz, en la que se desarrolla el acoso y persecución de una secta para terminar con un niño, que según las profecías es la reencarnación del diablo.

A pesar de estar basado en una novela de Dean R. Koontz, el argumento de la película tiene demasiadas similitudes con La profecía de Richard Donner, sin llegar a ofrecer la misma calidad artística ni interpretativa, quedando en una sucesión de ataques contra el muchacho, que son lo único que mantiene el interés del relato.

La selección del reparto no es muy acertada, haciendo mención especial para el intérprete elegido para el papel del niño, su cara no hace presagiar nada bueno y eso resta impacto a la solución que alcanza el relato. La película tiene un ritmo dinámico y no deja espacio para el aburrimiento del espectador, que es testigo del constante acoso y persecución que sufre el niño protagonista y su madre, haciendo que no puedan confiar en nadie que se les aproxime, logrando crear un ambiente hostil e incómodo en todo momento.


El director logra mantener el interés del espectador, apoyándose en los constantes ataques que sufren los protagonistas, pero termina por resultar excesivamente reiterativo y monótono, haciendo que pierda fuerza a medida que avanza en su desarrollo, siendo éste muy pobre. Cae en la reiteración de situaciones, en una especie de bucle diabólico, que a pesar de su corta duración, puede resultar pesado y monótono, haciendo que el interés del relato y su conclusión decaiga irremediablemente.

Logra ser un producto inquietante y mantiene el interés por conocer su desenlace, pero éste puede resultar excesivamente tramposo y después de haber visto películas como La profecía de Richard Donner, éste deje de resultar tan sorprendente y deje un extraño sabor a algo repetitivo, como un refrito de ajos, esa sería la mejor forma de describir la película.

Película dirigida a los seguidores de lo satánico, los apasionados de las profecías y las creencias en el señor del mal y, fundamentalmente, para seguidores de la obra de Dean R. Koontz, que igual también salen decepcionados de esta pobre adaptación televisiva


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