26 ago. 2015


Buena puntería 

Clint Eastwood (Más allá de la vidaJ.Edgar, Medianoche en el jardín del bien y del mal), sigue demostrando que sabe adaptarse a las épocas y situaciones, ofreciendo cine de calidad y dejando su sello de identidad en todo lo que hace. Con El francotirador vuelve a ofrecer un trabajo notable lleno de interés y con una soberbia puesta en escena. 

La película se apoya en la figura real del marine, Chris Kyle, un soldado destinado a la guerra de Irak donde cosechó una gran leyenda, al cual se le atribuyeron numerosas muertes como francotirador. Un hito en la historia reciente de América. 


La figura solitaria de los francotiradores y su labor en combate es digna de mención y, en esta película, Eastwood, recupera lo mejor y lo peor de su cine, con un tratamiento de la imagen elegante y cuidado, apoyándose en un guion que posiblemente hubiera requerido de una reescritura. 

La trama es sencilla y puede que haya llegado demasiado tarde puesto que deja cierta sensación de Déjà Vu, ya que se aprecian ciertas similitudes con En tierra hostil de Kathryn Bigelow. A pesar de esto, no deja de reunir los puntos de interés necesarios para mantener al espectador pendiente de todo lo que sucede. 


Eastwood maneja los tiempos y sabe dar estilo personal al tratamiento de la historia. Sin caer en un excesivo patriotismo consigue realizar una producción seria y contundente alrededor del mito de un hombre, para muchos ídolo, que lo único que quería era luchar por su país. Ésta es una película que pasó por las manos de Steven Spielberg y que, finalmente, llegó al viejo Clint, como ya ocurriera con Banderas de nuestros padres e Iwo Jima. Al director le gustan los retos, buscar nuevas vías para contar historias interesantes y no se encasilla. Es un director inconformista que ha sabido evolucionar y sobrevivir con el cine, ganándose el respeto del espectador y convirtiéndose en una figura viva del cine, todo un icono que sigue golpeando con fuerza. Eastwood consigue hacer fácil lo difícil, simplificando grandes producciones y demostrando que sabe rentabilizar el tiempo y el dinero al máximo, logrando ofrecer productos de alta calidad en cortos periodos de tiempo, sirvan de ejemplo: Jersey Boys y ésta. 


El protagonismo absoluto de la trama recae en un destacado, Bradley Cooper (Resacón en las vegas), que ha sabido transformarse para el papel, dejando a un lado su aspecto físico y volcándose en la creación y configuración de un personaje que le ha valido otra nueva nominación al Oscar. Juntos, Eastwood y Cooper, llevan a buen puerto una obra plagada de interés y con numerosas lecturas abiertas para el espectador. 

Eastwood vuelve a demostrar que puede con todo y sabe aprovechar, al máximo, las tecnologías del cine actual, logrando aportar realidad a todas las situaciones bélicas con movimientos de cámara nerviosos e intensos, donde el sonido de las balas y explosiones rodean al espectador. Cada plano recoge el estilo personal del director y consigue dar cierto equilibrio entre el hilo bélico y el personal, al que debe hacer frente el personaje principal, donde muestra la extraña afición del protagonista por sentir el peligro, una forma de vida que no está hecha para todos, con la que Eastwood deja muestra de la crudeza y fiereza de la guerra. 


Como ya he mencionado anteriormente, también se aprecian algunos aspectos negativos del cine de Eastwood, mención especial requiere la sensación de reiteración de situaciones vividas en una especie de bucle incomprensible para muchos. Su afán por aportar realismo también resulta perjudicial en determinados momentos, destacando uno de los enfrentamientos donde la cámara se mueve constantemente alrededor de una humareda de polvo, dificultando el seguimiento de la acción. A pesar de estos pequeños detalles, la película es un trabajo soberbio de Eastwood, donde no deja indiferente a nadie, recordando lo irónica que resulta la vida.


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