11 ago. 2015


No coger teléfono

Relato de terror con el clásico asesino en serie que va sembrando el terror por una universidad que está a punto de celebrar el baile de fin de año. La película no engaña a nadie y ofrece lo que se espera de ella, jóvenes alocados pensando en perder la virginidad y muerte, ninguna complicación añadida, con la presencia estelar de una joven, Jamie Lee Curtis, que se convertiría, en un futuro, en estrella principal de este tipo de producciones. 

El argumento de la película es lineal y simple, como la finalidad de sus personajes, jóvenes adolescentes incautos que sólo quieren pasarlo bien, despreocupados de lo que les puede ocurrir. El inicio de la película deja claras las bases y condiciones del argumento, eliminando cualquier atisbo de suspense. Una niña sufre un accidente en un colegio, y los responsables de su muerte irán cayendo uno a uno en su adolescencia. Blanco y en botella que diría el otro. Parte de una idea excesivamente sencilla e incluso simplista, pero a partir de ese punto de partida, logra mantener el interés del espectador, con relativa facilidad, gracias a la constante sensación de peligro que rodea a los personajes principales.


Las interpretaciones quedan muy lejos de algo reseñable, con los clásicos jóvenes ilusionados por participar en cualquier película, sea cual sea su argumento y su finalidad. Los responsables de la película emplean mucho el aspecto visual de los 60 y 70, jugando con el destape habitual de este tipo de producciones, pero ofreciendo mucha menos carne de la que se espera de ella. Destaca la participación de Jamie Lee Curtis, después de su participación en la que le sirvió para ganar la fama en La noche de Hallowen en un papel similar, donde interpreta a una joven adolescente en apuros. Su interpretación no es para echar cohetes, pero su presencia, sirvió para potenciar su participación en este tipo de producciones de terror que a la postre le darían la fama.

El desarrollo del argumento es previsible y se deja ver con facilidad, apoyándose en un empleo de la cámara torpe y poco cuidado, con el clásico empleo de brillos del cine de los 70, con ese toque que despierta la añoranza de esa época.


Sin grandes sorpresas, Llamadas de terror, se sigue con la misma facilidad que pasa al rincón de productos olvidados. Logra entretener y poco más. Es una representación de un estilo de cine muy maltrecho y que ha quedado en el olvido. Con el paso de los años, Wes Craven, supo rendirle homenaje con su saga Scream, donde supo recoger la esencia y captar las normas de este tipo de cine de terror.



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