15 ago. 2015


Mejor no hacer estos experimentos

Nueva creación abominable que tiene como estrella protagonista a un clásico del terror como es Frankenstein, convirtiéndolo en una especie de héroe moderno en una versión libre del personaje, ofreciendo resultados terroríficos e insalvables. 

Poco o nada se salva en esta producción moderna, ni siquiera el propio Frankenstein. Sorprende como los estudios cinematográficos, han tenido la osadía de ofrecer semejante producto al espectador. El argumento brilla por su ausencia, todo se presenta y se desarrolla de una forma mediocre y se limita a presentar un hilo argumental más propio de una serie de televisión. La calidad de las interpretaciones, de los efectos especiales y del cuidado de la imagen hacen presagiar lo peor, algo que se va confirmando a lo largo del visionado de un relato sin pies ni cabeza. Es como si el guionista hubiera sido poseído por el espíritu del doctor Frankenstein, creando un relato a partir de trozos de otras películas malas con aspecto novedoso y plagadas de efectos especiales, mezclando Van Helsing, Hansel y Gretel, con Abraham Lincoln: cazador de vampiros y productos del mismo corte, dando como resultado una creación abominable, carente de personalidad y de sentido. Un entretenimiento ilógico que logra tener el aspecto de un episodio piloto de cualquier serie de televisión barata. Las productoras se piensan que con ofrecer efectos especiales y cualquier cosa con monstruos o seres demoníacos, todo está solucionado y no es el caso. 




Ya desde su presentación no apunta nada bueno y el desarrollo del relato, sólo confirma los peores presentimientos. Nada tiene sentido, todo es un auténtico despropósito, desde las interpretaciones, efectos especiales, pasando por el maquillaje. Es una producción moderna -presume de ello- pero curiosamente todo lo que ofrece está por debajo del nivel técnico e interpretativo de los relatos clásicos. Los efectos especiales dejan mucho que desear, parecen ser trabajos de producciones televisivas. En algunos puntos el maquillaje no resulta convincente y llega a resultar cómico. Sin ir más lejos, merece mención especial, las máscaras de los demonios que se pasean por el relato. Como ya decía al comienzo de la crítica no se salva ni el propio Frankenstein, el actor Aaron Eckhart (El último testigo, La Dalia negra), toma las riendas de un papel protagonista después de conseguir cierta notoriedad en la película de Christopher Nolan, Batman el caballero oscuro, interpretando al personaje de Dos caras, intentando explotar su reciente popularidad, demostrando que los papeles principales le vienen grandes aún. 





Producto basura que se nutre de las nuevas modas de hacer cualquier cosa plagada con efectos especiales y carente de sentido. Un auténtico despropósito que como Frankenstein, recuerda que hay ciertos experimentos que mejor no hacer.

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