3 sept. 2015


El espectáculo continua 

Séptima entrega de la saga Fast and furious que vuelve a traer lo que promete: coches, velocidad, chicas y mucha acción, en un episodio plagado de éxito y morbo, tras la fatídica pérdida de uno de los iconos de la franquicia, Paul Walker (Carrera infernal).
La franquicia ha ido alcanzando unos niveles de popularidad inesperados, lo que comenzó siendo un producto veraniego de coches, chicas y velocidad, ha derivado en una saga sólida que ha sabido evolucionar y salir de las premisas iniciales para dar paso a una evolución importante, donde el entretenimiento está por encima de todo, incluso por encima de la lógica y de las leyes de la física.


La trama gira en torno a una venganza de un viejo enemigo de la familia de los protagonistas, lo que permite a los responsables de la película a introducir nuevas secuencias de acción imposibles, con la participación de intérpretes muy reconocidos como Jason Statham (Parker, Safe) y el veterano Kurt Rusell (Soldier), poniendo más leña al fuego.
Después de pasar por las manos de Justin Lin, tres episodios de la franquicia, esta última entrega pasó a manos de James Wan, posiblemente, el director que ha sabido reinventar y dar otro toque a la misma, el creador de las últimas grandes producciones de terror con relevancia, como Expediente Warren, Saw, en un cambio de registro total, del que sale airoso, demostrando su valía para el cine de acción.


El director ofrece novedosos puntos de vista en escenas de pelea, ofreciendo una amplia galería de enfrentamientos que hacen las delicias de los seguidores de la saga. Mención especial merecen los enfrentamientos entre Statham vs Diesel y La roca vs Statham, donde los niveles de testosterona están al máximo nivel.
El argumento es simple y tampoco hay que exprimirse mucho las neuronas para seguirlo, es la excusa perfecta para dar rienda suelta a la acción y a la adrenalina, sin plantearse la verosimilitud de ciertas situaciones. La franquicia ha conseguido reinventarse y generar una base sólida, apoyada en el carisma de unos personajes muy cercanos y familiares. Wan y toda la producción logran salir airosos de un fatal contratiempo como fue la perdida de Paul Walker en un accidente de coche, logrando crear un homenaje a su persona, haciendo posible lo imposible, ofreciendo un relato sólido donde ha sido necesaria la magia del cine para completar todo el trabajo. Una labor plausible y digna de mención, donde se ha contado con la colaboración del hermano gemelo del intérprete y de unos correctos efectos digitales.


Posiblemente se tuvieron que variar numerosas líneas argumentales y reinventar parte del guion para ofrecer un cierre digno de la película y, a su vez, ofrecer un verdadero homenaje a uno de los iconos principales de la saga en un desenlace que, inevitablemente, removerá las emociones encontradas del espectador. Por encima de todo, el espectáculo debe continuar y esta saga tiene cuerda para rato.



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