23 oct. 2015


El ilusionista sin ilusión

Uno de esos casos que la crítica pone por las nubes y que a mí, aficionado al cine y crítico por entretenimiento, no consigue llegarme por ninguna de sus partes. Supongo que es lo que tiene no ser un crítico especializado.
Cuenta la historia de un viejo mago que trata de no defraudar a una niña convencida de que sus trucos de magia son reales. Segunda película del director de Bienvenidos a Belleville, basada en un guion de Jacques Tati que nunca fue producido.
La película no deja de ser un pequeño gran homenaje a un gran director de cine y presenta un relato, en apariencia, cautivador y entrañable, a partir de un relato romántico donde la magia se da un golpe con el muro de la realidad.

Cuenta con unos gráficos notables y una banda sonora con la que se sigue con facilidad las diversas situaciones por las que pasan los protagonistas. Un mago entregado a una joven caprichosa a la que intenta contentar haciendo todo lo que está en su mano. La película se pasea por las calles y muestra la realidad de la vida diaria, donde no hay espacio para la magia. Todo está muy visto y pocas cosas sorprenden en la gran ciudad, sólo en pequeños pueblos el mago logra arrebatar el brillo en los ojos de su público.
Es un relato romántico que trasmite con claridad su mensaje, pero que no ha conseguido hacer una cosa que considero importante, no consigue entretener al espectador, haciendo que la corta duración de la película resulte eterna. Puede que la falta de diálogos y el ritmo parsimonioso hayan hecho que no valore positivamente este relato de no magia. Se aprecian ciertos guiños al cine de Jacques Tati, pero no llegan a ser memorables.
La película se pasea por la comedia dramática, dejando espacio para el humor en situaciones dramáticas, pero no llega a emocionar verdaderamente. A mí, personalmente, no me ha llegado. Me ha resultado tediosa y pretenciosa. 

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