31 dic. 2015

Malditos bastardos (2009)


Mezcla perfecta

Venerado por unos por su novedoso estilo visual y narrativo, y criticado por otros, por emplear ideas de otros y plasmarlas de otra forma, lo cierto es que el cine de Tarantino no deja indiferente a nadie, cada película que lleva su firma, genera una gran expectación.
Malditos bastardos, producción bélica, no se queda lejos de esa controversia que gira en torno a su director. En la campaña de promoción Tarantino decía que era un homenaje al cine bélico y mencionaba producciones italianas como Aquel maldito tren blindado (The Inglorious Bastards), de donde saca el título, Cinco para el infierno o clásicos como Doce del patíbulo y Los violentos de Kelly. Producciones que tienen algo en común, un grupo de hombres deben realizar una misión de alto riesgo. El hecho que estas películas bélicas tuvieran grandes dosis de acción en su época y que el tema recurrente de la venganza estuviera presente en el argumento, ha hecho que muchos seguidores deTarantino se pudieron ver decepcionados ante la falta de sangre y balas, en comparación con su película anterior Kill Bill.

El problema de la decepción de muchos seguidores de Tarantino reside en las expectativas que depositaron en la película, haciéndose una idea preconcebida de lo que iban a ver. Craso error, porque si algo caracteriza a Tarantino es la capacidad de sorprender con cada trabajo y con esta película, logra ofrecer un ejercicio de espionaje inteligente, donde deja su sello propio en cada secuencia.
No deja ningún cabo suelto, sigue empleando su forma característica de presentar las historias, logrando encajar a la perfección todas las piezas del puzle. Consigue sacar lo mejor de todo el reparto, sin excepción, gracias en parte al notable desarrollo de cada uno de los personajes y de sus  motivaciones.


Muchos dicen que los diálogos de Tarantino ya no son lo que eran, pero lo cierto es que van acordes con la historia y en este caso aportan un toque de humor lleno de ironía, en secuencias donde logra generar una tensión palpable.
Destaca la presencia de la superestrella Brad Pitt, en su primera colaboración con Tarantino, en la que encarna de una forma caricaturesca a un personaje memorable. A su vez destacan las aportaciones de Michael FashbenderDiane Kruger y la participación del director y amigo de TarantinoEli Roth (Cavin Fever). Por encima de todos los integrantes del reparto de Malditos bastardos, destaca la brillante interpretación de Christopher Waltz, encarnando a un personaje astuto, inteligente, sereno al tiempo que implacable. Su aparición en la primera escena se ha convertido en un clásico instantáneo, donde la tensión se palpa en un dialogo en apariencia calmado, en el que su personaje da muestras de su capacidad deductiva y opresiva.


Tarantino cuida hasta el más mínimo detalle y al tratarse de una película bélica que tiene como trasfondo la venganza, recurre a bandas sonoras del Spaghetti western creadas por Ennio Morricone, que encajan a la perfección en cada una de sus secuencias.

Se permite el lujo de tomarse una notable licencia histórica, que sorprende al tiempo que no deja indiferente, pero que también cumple con los deseos de muchos que deseaban acabar con el conflicto de la segunda guerra mundial por la vía rápida, es Tarantino, ¿por qué no iba a hacerlo?

Más allá de esa licencia histórica, lo cierto es que toda la trama resulta apasionante, en cada movimiento, dialogo y situación, logrando crear un extraño equilibrio entre suspense, acción, tensión y humor.

Tarantino deja muestras de su pasión por el cine con sus habituales guiños y homenajes a producciones del pasado y se deja llevar por el entusiasmo que le genera su propia historia y todos los personajes, creando una película que en algunos compases aqueja de exceso de duración, pero todo lo que ofrece es necesario para su correcto seguimiento.


Deja patente su creatividad, junto con la capacidad de contar historias sólidas con personajes memorables, manteniendo su sello personal en todo momento. Todo un ejercicio de estilo lleno de imaginación, en el que explota al máximo su visión cinematográfica, llegando a ofrecer secuencias de una violencia inusitada, que desprenden a su vez una extraña belleza poética.


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