13 ene. 2016



Pequeño clásico de las artes marciales

Típico relato de artes marciales que presenta los tradicionales enfrentamientos entre dos escuelas que derivan en una dramática lesión de uno de sus  luchadores, quedando éste manco. Lo que aparentemente parece el final de la carrera del luchador, dará paso a un duro entrenamiento con el que intentará vengarse de aquéllos que le llevaron a esa situación.  
 La película está plagada de secuencias de combate, con las tradicionales y prolongadas coreografías, donde las patadas y los golpes se suceden al ritmo de los mamporros que reparten los protagonistas. Los responsables de la película intentan ofrecer un trabajo serio, pero el paso del tiempo ha dejado un poco desfasado el tratamiento de algunas secuencias. Mención especial merece aquélla en la que los protagonistas se enfrentan paseando sobre sus manos con el empleo de la cámara rápida. 

 El argumento peca de sencillo y previsible, ya que sigue los esquemas habituales de este tipo de producciones. Ofrece una calidad interpretativa cuestionable, pero se salva de la quema por resultar entrañable. Presenta los efectos artesanales habituales del género, con los chorros de sangre brotando de las venas de los protagonistas y el clásico sonido del mamporro. No se le puede pedir mucho a la película, lo mejor para disfrutarla es que el espectador sea consciente de donde se mete.  

 El luchador manco tiene un encanto especial difícil de igualar. Logra combinar artes marciales con humor, ofreciendo un entretenimiento pasajero e intrascendente. Con lo malo y lo bueno, es una película ideal para los amantes de las artes marciales, aunque su visionado en la actualidad deje en evidencia su desfase.  


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