4 ene. 2016


Obra de arte en movimiento

Ambicioso e interesante proyecto personal, producido y confeccionado por el intérprete, Mel Gibson, en una poderosa e intensa recreación de las últimas vivencias personales de Jesucristo.   

Mel Gibson, demuestra personalidad y osadía, apostando por un proyecto ambicioso, donde recrea una historia bíblica conocida por todos, ofreciendo un tratamiento crudo e intenso de las diferentes situaciones sufridas.   


La pasión de Cristo presenta una calidad técnica envidiable, cada secuencia es arte en movimiento, con un estilo visual muy marcado, con el que Mel Gibson, demuestra su destreza detrás de las cámaras. Combina situaciones y vivencias del pasado con el presente, confeccionando un puente paralelo donde consigue plasmar los momentos más destacados y determinantes. Con el empleo de diversas secuencias, consigue confeccionar una historia magnética, llena de cuerpo y solidez, donde quedan claras las situaciones que han marcado al personaje principal.  

Si olvidamos cuestiones religiosas y nos centramos en la historia que presenta La pasión de Cristo, me atrevo a decir que la propuesta que ofrece Mel Gibson con su trabajo, es una obra de arte en movimiento. Cada imagen y secuencia traslada al espectador a algo celestial, una experiencia preciosista, donde se disfruta de la labor técnica ofrecida, destacando la fotografía y la banda sonora. En su afán por ofrecer un relato ubicado en su correspondiente época, Gibson realiza una apuesta arriesgada, dejando espacio para las lenguas de la época. Una apuesta arriesgada que, a su vez, se convierte en una demostración de su ambición y personalidad.  


Se apoya en un reparto sólido y convincente, donde destaca la labor ofrecida por Jim Caviezel, Monica Bellucci y Maïa Morgenstern, los tres sensacionales en sus respectivos papeles, destacando la paciencia y labor de Caviziel, en un personaje difícil de encarnar. 
  
La historia conocida por todos toma otra connotación, con el empleo de la violencia descarnada ofrecida por Mel Gibson, donde no escatima en ofrecer imágenes llenas de una insana violencia con la que recuerda y hace patente el calvario sufrido por el personaje principal.  Llegados a este punto, merece la pena destacar la labor de la sección de maquillaje, junto con unos correctos y acertados efectos especiales que ayudan a dar credibilidad a la violencia del relato.  La película llega a ofrecer momentos incómodos y situaciones inquietantes, mostrando una visión nítida de la pesadilla y calvario que pudo sufrir el personaje principal. Una auténtica odisea personal que va más allá de las marcas de los latigazos.   



Mel Gibson, confecciona una historia que no deja indiferente, emociona e inspira, con un trabajo altamente recomendable, me atrevería a decir que es una auténtica obra maestra.   

6 comentarios :

  1. Me EN-CAN-TA. Es una película "realista" que no se regocija en la parte cruenta, pero que sí la muestra tal y como debió ser. Las personas que digan que es horrible, bestial y exagerada debe ser que creen que latigazos y demás son caricias. Ésta y "La última tentación de Cristo", para mí son las mejores dentro del mundo de cine religioso.

    ResponderEliminar
  2. La verdad que si, ya somos dos.

    ResponderEliminar
  3. Muy buena critica!!! Es lo que pienso yo pero muy bien expresado!!! :)

    ResponderEliminar
  4. Agregaria el trabajo de los colores: el verde de la esperanza aparece sólo en los recuerdos de sus enseñanzas o de su vida como maestro...después vuelve a los colores marrones, grises, opacos y oscuros mezclados con el rojo de la sangre. La representación de la Eucaristía en su máximo esplendor visual: el rojo del vino en la sangre y el pan de la celebración en la carne. Ahí radica la excelencia, la obra maestra. La fuerza que toman los simbolos: la madera, el pan, las miradas, la Santa madre, la serpiente (cita una profecía del antiguo testamento donde se predice que el hijo del hombre pisará la cabeza de la serpiente) la tentación de un diablo asexuado, la lágrima de Dios que retumba en esa piedra a los pies de la muerte de su único hijo. En el monte de Sinaí la representación de la pasión espiritual es tremenda hasta el punto que Jesús transpira sangre . Me quedo corta con los símbolos y el uso de planos. Si te fijas bien hay tomas q son cuadros de caravaggio prácticamente, un pintor de la edad media. Busca algún cuadro de caravaggio...saludos

    ResponderEliminar
  5. La mayor obra de arte de mel Gibson. Más allá del significado religioso...yo no soy creyente pero reconozco q Gibson plasmó en forma exquisita y maravillosa visual
    y simbólicamente las parábolas, los símbolos, la ceremonia de la Eucaristía. Todos los símbolos que rodean a la figura de Jesús fueron perfectamente simbolizados. Su director de fotografía se lleva el crédito mayor. Así como el hecho de estar hablada en el idioma original de la época. Es excelente, emocionante, incansablemente cruda. Es la pasión no de Cristo sino también del espectador. Para los mas creyentes habrá sido una experiencia muy movilizadora. Esta obra fue el techo de Gibson, fue la elevación máxima de su potencial creativo.

    ResponderEliminar