27 feb. 2016



La mona se pone loca

Curioso relato de terror firmado por George A. Romero, que tiene como autentica protagonista a una mona que se encargará de los cuidados y atención de su dueño discapacitado, hasta niveles insospechados. 

George A. Romero, creador de una de las grandes películas de terror de todos los tiempos, todo un símbolo, padre y promotor del término Zombi con La noche de los muertos vivientes, intenta demostrar que es capaz de hacer algo diferente y conseguir el mismo efecto en el espectador con este extraño y curioso relato donde una mona alterada genéticamente sembrará el terror de todos los que le rodean.

Logra dar credibilidad a un relato inquietante, gracias, en parte, a unos efectos artesanales muy cuidados y a un buen entrenador de mascotas, puesto que lo que llega a hacer la mona protagonista sorprende y deslumbra por completo. El desarrollo de la trama se sigue con interés y consigue crear una historia atractiva e interesante con la que conectar con el espectador, manteniéndolo pegado al desarrollo de los acontecimientos. Romero logra jugar con los tópicos del género de terror y la ciencia ficción, tratando el tema de las alteraciones genéticas y consigue ofrecer su firma siniestra con escenas verdaderamente inquietantes.

El reparto cumple con su cometido, aunque todo el protagonismo se lo lleva la mona protagonista. Cada movimiento, gesto y acto logran alterar la tranquilidad de los protagonistas y del espectador. Resulta curioso el estrecho vínculo que se establece entre el protagonista y la mona, llegando incluso a crear un vínculo afectivo que provoca las reacciones del animal. El director saca el máximo partido a las posibilidades que le ofrece la mona y explota su presencia para desarrollar y planificar secuencias muy logradas donde los efectos artesanales cumplen con solvencia. Es una pena que George A. Romero, se haya encasillado en las producciones relacionadas con el género Zombi, puesto que como bien demuestra en Atracción diabólica, sabe jugar y manejar el terror, sin la necesidad de la presencia de un muerto viviente.

Atracción diabólica tiene el encanto especial de las producciones de los ochenta y ofrece instantes de tensión logrados, gracias, en parte, a la mano maestra de George A. Romero y a la labor de la mona protagonista.






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