21 mar. 2016

A Bittersweet Life (2005)


Violencia poética

Contundente e impactante producción de Corea del Sur dirigida con maestría y poderío por Ji-woon Kim (Dos hermanas), en un relato de una acción y violencia poética, en la que el encargado de un hotel dedica parte de su tiempo a ocuparse de los trabajos sucios de un poderoso mafioso que le encarga vigilar a su novia con la misión de acabar con su vida en caso de descubrir alguna infidelidad.

Pausada y elegante, el director y guionista, Ji-woon Kim, ofrece una trama carente de auténticas novedades en cuanto a su argumento, pero demuestra su personalidad y calidad como director, ofreciendo un relato artesanal, atrevido y poético, donde los códigos de camaradería, el amor, la traición y el honor se convierten en el movimiento de un mundo intoxicado por la violencia.

Los responsables de la película ofrecen un cuidado y estilizado tratamiento de la imagen, apostando por un enfoque elegante y poético de la violencia, envolviendo todo con un aura de misticismo y obra de arte en movimiento, donde la violencia juega un papel importante. El argumento es, en apariencia, sencillo, y los responsables de la película ofrecen un tratamiento elegante y cuidado de la imagen, dejando un pequeño relato que abusa de situaciones vistas con anterioridad en otras producciones.

Cuenta con una banda sonora delicada y bonita que sirve como contraste del mundo implacable que presenta el argumento, donde la violencia se erige como forma de afrontar la realidad. Todo el reparto ofrece un trabajo espectacular, destacando la labor y presencia de numerosos intérpretes emergentes del cine asiático, destacando el protagonismo de un energético, Lee Byung-hun ( Three... Extremes, El feo, el bueno y el raro), secundado por un reparto que hace creíble cada uno de los personajes.

Por increíble que parezca, el director configura una autentica obra de arte apoyándose en imágenes de una fuerza visual impactante y logra crear un aura poética hipnotizadora, con la que mantiene la atención del espectador en todo momento. Deja espacio para algunos momentos cómicos, recordando en algunos momentos al cine de Quentin Tarantino (Reservoir dogs, Malditos bastardos, Los odiosos ocho), explotando un peculiar sentido del humor negro.

No hay que buscarle sentido a nada y, simplemente, dejarse llevar por un poderoso e hipnotizador trabajo visual lleno de violencia y poesía que llega a ser una auténtica obra de arte digna de disfrutar.


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