9 abr. 2016


Tremenda

Secuela del éxito comercial obtenido por Un mañana mejor de John Woo (The killer), que vuelve a contar con la dirección de éste y con la mayor parte del reparto de la original, incluyendo a Chow Yun Fat (The killer), que vuelve encarnando a un personaje sacado de la chistera para volver a contar con su presencia.

Comienza donde terminó la primera parte y relata los nuevos enfrentamientos de dos hermanos contra el crimen organizado, introduciendo nuevos personajes con los que desarrollar una trama de incursión en el mundo de las triadas.

Tiene un comienzo prometedor y la aparición de nuevos personajes permite a John Woo ofrecer un esquema diferente al de la primera parte, donde, ahora, los dos hermanos unen sus fuerzas para luchar contra el crimen organizado desde un principio.

Los nuevos personajes funcionan, aunque algunos de ellos quedan introducidos con calzador, destacando la aparición de un hermano gemelo de uno de los protagonistas de la primera parte, encarnado por Chow Yun Fat, una excusa gratuita para tener de nuevo a éste en el reparto.

El desarrollo de la historia resulta claro, pero sufre un bajón de ritmo, intensidad y credibilidad en el instante en que se vuelca a relatar el proceso de recuperación de uno de los personajes tras sufrir una crisis emocional. Intenta ofrecer un desarrollo dramático convincente, pero no lo consigue, resultando irregular al mezclar drama con humor dentro de una historia de acción, donde lo que mejor funciona es eso, la acción.

La calidad de algunas de las interpretaciones deja mucho que desear, haciendo que las situaciones dramáticas que viven sus personajes puedan resultar cómicas e incluso ridículas. El argumento es, en apariencia, sencillo, y los responsables de la película ofrecen un tratamiento elegante y cuidado de la imagen, dejando un pequeño relato que abusa de situaciones vistas con anterioridad en otras producciones. Lo mejor, sin duda, es cuando John Woo se olvida de dramas e historias secundarias para volcarse en lo que mejor sabe hacer, la acción pura y dura, sin concesiones, regalando uno de los desenlaces más explosivos y grandilocuentes del cine de acción.

Ofrece secuencias de acción bien coreografiadas, donde el honor y la sangre bailan al ritmo del sonido de las balas en un enfrentamiento contundente y encarnizado. Con claros síntomas de carencias en la producción, John Woo, consigue sacar el máximo partido a los elementos que le rodean, desatando un baño de sangre y balas en un desenlace explosivo. Una película que debe estar en las estanterías de todos los amantes del cine de acción.



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