29 jun. 2016


Culpable de obra maestra

El director Sidney Lumet (Antes que el diablo sepa que has muerto, Gloria, La noche cae sobre Manhattan, Declaradme culpable, Distrito 34: corrupción total, A la mañana siguiente, El abogado del diablo, Veredicto final, Punto límite, La Trampa de la muerte, El prestamista, Punto límite, Network un mundo implacable, Serpico, Tarde de perros, Asesinato en el Orient Express, La ofensa), da un golpe certero sobre el mundo de la justicia y el concepto de la presunción de inocencia en una de sus primeras películas.

 Ofrece un trabajo memorable, donde todos los elementos y conceptos fluyen dentro de una misma habitación. Cuatro paredes que serán testigos de las conversaciones e intercambio de opiniones de 12 miembros de un jurado que debe decidir si un hombre es o no es culpable de un crimen.

Apasionante y sumamente interesante relato judicial, con una puesta en escena propia de un teatro, donde el director consigue desarrollar una gran historia, apoyándose en las notables interpretaciones de todo el reparto, donde merece la pena destacar la labor y presencia de intérpretes como Henry Fonda (Las uvas de la ira, Hasta que llegó su hora, Los malvados de Firecreek, Mi nombre es ninguno, El hombre de las pistolas de oro, Falso culpable, El destino también juega, Ocho mujeres y un crimen) y Lee J. Cobb (El exorcista, La jungla humana, Las tres caras de Eva, El día de la lechuza, La ley del silencio, Yo creo en ti).

Gran labor la ofrecida por Henry Fonda, encarnando al único miembro del jurado que cree en la presunción de inocencia del protagonista, ofreciendo una visión inteligente y alejada de prejuicios, logrando ofrecer unos sólidos argumentos para mantener su concepto sobre las ideas de los miembros restantes.

El director consigue captar y manejar el ritmo de una forma inteligente, presentando y desarrollando la situación e ideas de cada uno de los personajes de una forma clara y concisa, evitando caer en lo monótono y pesado. Un apasionante intercambio de opiniones que forman parte de una obra sensacional, donde todo funciona de una forma espectacular. Todo hombre tiene derecho a la presunción de inocencia y, a mi juicio, esta película es culpable de ser una obra maestra, de entretener, mantener el suspense y de presentar las debilidades de la justicia en una sólida denuncia sobre los pilares en los que se apoya.


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