19 jun. 2016


Duelo de valores

El director, Sam Peckinpah (Perros de paja, Grupo salvaje, Clave: Omega, La huida, Quiero la cabeza de Alfredo García, Los aristócratas del crimen, Convoy, Pat Garrett y Billy el niño, La cruz de hierro, El rey del rodeo, Mayor Dundee), presenta y desarrolla una historia sencilla, corta y rebosante de honor, fidelidad y amistad, ambientada en el salvaje y polvoriento oeste.



Dos viejos compañeros de batalla y vivencias se reúnen, junto con un tercero, para realizar un último trabajo. Tienen como tarea hacerse cargo de una, importante cantidad de oro y custodiarlo hasta una determinada localización, atravesando diversas zonas plagadas de peligros, todo ello por un precio acordado en el contrato.



Por el camino, los protagonistas, irán recordando viejas batallas y descubriendo sus motivaciones. Uno quiere llegar a casa después de haber hecho bien su trabajo, el otro pretende robar la mercancía. En el trayecto, se harán cargo de la seguridad de una joven que desea casarse para liberarse del dominio de su padre, añadiendo nuevas complicaciones a la finalidad de la expedición. En el fondo, ni el oro ni la chica son lo importante, el tema principal es el de la amistad y la traición, como el dinero hace tambalear la amistad y el honor del hombre.



Sam Peckinpah, deja entrever lo que en un futuro fueron señas de identidad de su cine, con un especial gusto y estilo para rodar escenas de violencia, con una temática relacionada con el honor y la camaradería. Las inquietudes y motivaciones de los protagonistas quedan presentadas y definidas con claridad, convirtiendo su relación en auténtico eje motor de la historia.



La película presenta y ofrece buenos e interesantes diálogos y situaciones, donde las vivencias e intenciones de los personajes quedan bien definidas. En un momento dado, uno de los personajes dice que debería ser fácil distinguir entre el bien y el mal. Sobre esta cuestión y temática, Peckinpah, desarrolla una historia digna de consideración, sacando el máximo partido a los intérpretes protagonistas, unos acertados y memorables, Randolph Scott y Joel McCrea. Dos rostros habituales del western, que aportan credibilidad y veteranía a una historia de viejas leyendas del oeste.



Un camino hacía la rectitud, la honradez y el valor de la amistad desarrollada con ligeros puntos irregulares, donde el ritmo del desarrollo se ve perjudicado por historias secundarias que se alejan del tema central. No cuesta distinguir cuál es el camino de lo correcto, pero hay que tener el valor de elegir el camino adecuado. Peckinpah, conduce la acción de una forma delicada y cuidada para alcanzar un final apoteósico, lleno de balas, sangre y polvo, donde la redención sale victoriosa.



Duelo en alta sierra, queda como un relato de amistad, honor y valor que llega a emocionar, lo cual significa que los personajes traspasan barreras. Como cierre a esta revisión de un clásico de estas características, debo hacer mención a una frase que me llegó muy profundo: “En algún lugar del camino, olvidaste que eras mi amigo”. Después de lo dicho anteriormente, sólo puedo recomendar efusivamente el visionado de este peliculón.



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