10 jun. 2016


Tiempo de guerra personal

Peculiar relato de venganza con la guerra de Corea de trasfondo con un joven, Tommy Lee Jones (No es país para viejos, Zona de guerra: el parque, El fugitivo), encarnando a un hombre que regresa al hogar para reunirse con su familia, sufriendo un ataque violento en el que perderá la mano y a todos sus familiares queridos. Un hecho que da paso a una endiablada persecución por alcanzar la venganza.

El director John Flynn (Best séller, Encerrado, Buscando justicia), desarrolla un argumento básico y sencillo sobre la venganza de un hombre, apoyándose en el guión escrito por el prestigioso y polémico guionista, Paul Schrader (Aflicción, Taxi driver, La última tentación de Cristo, Toro salvaje).

Alabada por muchos como una de las mejores películas de venganza, incluyendo a Quentin Tarantino (Reservoir dogs, Pulp fiction, Four rooms, Jackie Brown, Death proof, Malditos bastardos, Kill Bill vol.1, Kill Bill vol.2, Django desencadenado, Los odiosos ocho). Presenta una calidad técnica e interpretativa mediocre y su argumento no llega a ahondar en la situación dramática vivida por el protagonista, centrando todo en las ansias de venganza.

Presenta problemas de ritmo y tarda en alcanzar un desarrollo satisfactorio para el espectador, cayendo en la reiteración de situaciones. Tiene las carencias habituales de una producción pobre y realmente no ofrece nada nuevo, pero es innegable que tiene un encanto especial. La búsqueda enfermiza del personaje por vengarse se convierte en el único tema de la película, desperdiciando la oportunidad de hacer una crítica política y social de la situación que vivieron muchos combatientes de la guerra.

La preparación y el entrenamiento del protagonista para manejar las armas, con lo que le queda de mano, llama la atención y llega a ser uno de los momentos memorables de la película. Resulta increíble cómo puede llegar a manejar el garfio. Las interpretaciones del reparto son muy discretas y ni siquiera Tommy Lee Jones aporta una labor especialmente destacable, limitándose a cumplir con el papel protagonista. En el desarrollo de algunas situaciones y la realización de algunas secuencias, incluyendo la del final, se observan influencias de Sam Peckinpah (Perros de paja, Grupo salvaje, Clave: Omega, La huida, Duelo en alta sierra, Quiero la cabeza de Alfredo García, Los aristócratas del crimen, Convoy, Pat Garrett y Billy el niño, La cruz de hierro, El rey del rodeo, Mayor Dundee), con el empleo de la cámara lenta para plasmar la violencia.

El esquema argumental peca de básico y lo mejor llega cuando los responsables de la película vuelcan toda la ira del personaje principal en una secuencia final que no deja títere con cabeza.

En resumidas cuentas El ex-preso de Corea, es un relato básico y carente de la suficiente calidad técnica e interpretativa como para considerarla completamente satisfactoria.

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