4 ene. 2017

Perdita Durango (1996)


Extrañas y violentas pasiones

El director, Álex de la Iglesia (El bar, Mirindas asesinas, El día de la bestia, Acción mutante, Muertos de risa, La comunidad, 800 balas, Crimen ferpecto, La habitación del niño, Balada triste de trompeta, La chispa de la vida, Plutón BRB Nero, Los crímenes de Oxford, Las brujas de Zugarramurdi, Messi, Mi gran noche), se deja de bromitas y se atreve con un producto violento y agresivo, presentando la historia de una mujer acostumbrada a vivir y sembrar el horror, Perdita Durango.



Nos encontramos ante un relato oscuro, violento e insano, donde el director deja muestras de su lado más oscuro y siniestro, presentando las andanzas de dos personajes particulares que tienen un encargo por parte de un poderoso mafioso: llevar una carga de embriones muertos a un lugar concreto. Por el camino, los protagonistas, se dedican a hacer lo que mejor saben hacer: sembrar el terror y dejar un sendero de violencia aterrador.



La película presenta un argumento visto en numerosas ocasiones y la calidad técnica del conjunto no llega a estar a la altura de las grandes producciones, aunque los responsables de la misma intentan camuflar sus carencias como pueden.



Lo más destacable reside en la inquietante y poderosa interpretación de su pareja protagonistas, Javier Bardem (Skyfall, Collateral, El consejero, Biutiful, Mar adentro, Antes que anochezca, Caza al asesino, Los lunes al sol, No es país para viejos) y Rosie Pérez, auténticos motores de un relato incómodo y verdaderamente desasosegante. Entre los secundarios merece la pena rescatar del olvido la participación de un, por aquel entonces, poco conocido, James Gandolfini (Mátalos suavemente, La última fortaleza, The mexican, Coacción a un jurado, La entrega).



La película presenta notorios paralelismos con los tradicionales relatos de parejas criminales como los vistos en: El demonio de las armas, Bonnie & Clyde, Asesinos natos y La huida, entre otros. El comportamiento y desarrollo de determinadas situaciones de violencia y abuso sexual recuerda, excesivamente, al trabajo realizado por Sam Peckinpah (Perros de paja) en La huida.



A pesar de tratarse de un relato serio y contundente, el director consigue dejar espacio para sus pequeñas pinceladas de humor negro, lo que ayuda a digerir lo que se está presenciando. No es una película agradable de ver, puede llegar a incomodar a ciertos sectores de público, pero tiene cosas interesantes. A mí, personalmente, no me ha gustado por completo y pasa a ser una de esas películas que ves una vez y no repites.







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