2 may. 2017


Quemar después de ver

Un año después del éxito de crítica y público cosechado por su adaptación de la ganadora del Oscar a mejor película en el año 2007, No es país para viejos, Los hermanos Coen (¡Ave, César!, Muerte entre las flores, Valor de ley, El gran Lebowski, Fargo, Un tipo serio, Barton Fink, Crueldad intolerable, Oh brother, Ladykillers, El gran salto, A propósito de Llewyn Davis, El hombre que nunca estuvo allí, Arizona baby), regresaron a uno de los géneros que, tan buenos e irregulares resultados les dio en el pasado la comedia.

En esta ocasión, cuentan y se apoyan en un reparto plagado de estrellas de renombre y prestigio para desarrollar lo que podría considerarse una peculiar y extraña comedia de enredo en la que un antiguo espía es victima de un chantaje torpe y aparatoso que da paso a innumerables situaciones del absurdo.

De una forma extraña e incomprensible, los responsables de la película consiguen despertar la curiosidad del espectador, al verse implicado en una serie de historias y personajes que no parecen tener un destino claro. Como suele ocurrir con este tipo de producciones presenta los toques de humor gamberro, habitual de Los hermanos Coen, pero no llegan a completar una historia redonda. Como dice el refrán: La curiosidad mató al gato, y lo cierto es que es lo que les puede ocurrir a los espectadores que se animen a ver esta película dejándose llevar por la curiosidad.

Tiene momentos inspirados, pero como suele ocurrir con la comedia, mantener el nivel cómico suele resultar complicado y algunas situaciones no llegan a los resultados esperados, quedándose en un producto ligero e intrascendente del que muchos tomarán la palabra del título y lo harán realidad, quemando después de ver semejante despropósito.

En su amplio y llamativo reparto, podemos encontrar a muchos habituales del cine de los directores, destacando la presencia y labor de muchos de ellos, como: George Clooney (Confesiones de una mente peligrosa, Tres reyes, Los Idus de Marzo, Monuments men, Ocean’s eleven, Michael Clayton, Oh brother), Frances McDormand (¡Ave, César!, Sangre fácil, Arde Mississippi, Arizona Baby, Muerte entre las flores, Darkman, Barton Fink, Fargo, Vidas cruzadas), Brad Pitt (Ocean`s eleven, Doce monos, Confesiones de una mente peligrosa, Rompiendo las reglas, Guerra mundial Z, El consejero, Mátalos suavemente, Juego de espías, Malditos bastardos), John Malkovich (Jonah Hex, Rounders, El hombre de la máscara de hierro, De ratones y hombres, El imperio del sol, Mary Reilly, Con Air), Tilda Swinton (¡Ave, César!, Michael Clayton, Vanilla Sky, Tenemos que hablar de Kevin, Y de repente tú, Rompenieves, El gran Hotel Budapest) y Richard Jenkins (Jack Reacher, Kong: La isla calavera, Bone Tomahawk, Asalto al poder, The visitor, Poder absoluto, Mátalos suavemente, Lobo, Las brujas de Eastwick, La cabaña en el bosque), todos ellos rendidos al talento y fama de los directores.

Puede que uno de los aspectos que podría considerarse punto fuerte de la película, la fama y prestigio cosechado por sus directores y gran parte del reparto, se convierta, a su vez, en su propio talón de Aquiles, haciendo que gran parte del público acuda a verla dejándose llevar por la fama y lo bien vistos que están en el mundo cinematográfico. En esta ocasión, ofrecen un divertimento personal propio, lleno de buenos momentos para la diversión pero que no termina de funcionar por completo.

En resumidas cuentas, Quemar después de leer, queda como un trabajo irregular e intrascendente del que nos podemos quedar con las últimas palabras vertidas en el argumento del mismo: No sabemos lo que hemos hecho, pero no lo volveremos a hacer. Algo que parece un “mea culpa” de los propios directores y responsables de la película.



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