4 jun. 2017


No es el legado esperado

El legado Bourne, se convierte en una mancha en el historial de la saga cinematográfica de Bourne, se limita a alimentarse del sólido argumento que ofrecían las tramas anteriores y de sus personajes, para ofrecer un hilo argumental sencillo y carente de la garra de los anteriores, para limitarse a ofrecer un vehículo de acción banal.

El encargado de tomar los mandos en la dirección tras la gran labor ofrecida por Paul Greengrass en las secuelas de El caso Bourne, es Tony Gilroy (Michael Clayton, Duplicity), ofreciendo un trabajo irregular al tiempo que intrascendente.

Se aleja de la figura de Bourne y va introduciendo progresivamente nuevos personajes y situaciones, empleando flashbacks forzados para dar coherencia al nuevo núcleo de la trama, que resulta simplista y que se nutre del encomiable reparto de sus predecesoras.

Se olvida de las bases de la saga, en la que un guión inteligente y coherente marcaba el ritmo de las secuencias de acción con trasfondo de suspense absorbente, limitándose en este caso a ofrecer un vehículo de acción y entretenimiento, que no esta a la altura de las expectativas creadas.

Dentro del nuevo reparto destaca la presencia de Rachel Weisz (The Lovely Bones, La fuente de la vida, Oz, un mundo de fantasía;, La momia, La verdad oculta, Ágora, Detrás de las paredes, Constantine, El jardinero fiel) y de Jeremy Renner (Capitán América: Civil War, Misión imposible: Nación secreta, Vengadores: La era de Ultrón, La gran estafa Americana, Los vengadores, Thor, Misión imposible: Protocolo Fantasma, En tierra hostil, Hansel & Gretel: Cazadores de brujas), acompañando a los habituales de la saga. Donde destaca la intensidad interpretativa que impregna Renner al personaje, dotándole de una presencia y carisma, capaces de hacer sombra a Matt Damon (Destino oculto, El caso Bourne, Más allá de la vida, Marte, The Monuments Men, El indomable Will Hunting, Ocean's Eleven, Salvar al soldado Ryan, Interstellar).
Por desgracia la fuerza que transmite Renner, no es suficiente para lograr crear una trama lo suficientemente atractiva como para que dure más de dos horas.

Se prolonga en exceso, perdiéndose en multitud de secuencias de acción e hilos arguméntales que presentan claras reminiscencias de Soldado universal, Terminator e incluso Misión imposible 2, en una imitación descarada de aquella secuencia de motos que enfrentaba a Tom Cruise con el malo de turno. Sigue sorprendiendo que en plena persecución de vida o muerte, los protagonistas y el malo de turno, puedan dedicar tiempo para ponerse unas gafas de sol e incluso llevarlas consigo.

Se ha desviado del buen camino argumental, relegando su fuerza a las secuencias de acción, desperdiciando un buen reparto en una trama insulsa y banal, que podría haber formado parte de cualquier película de acción al uso, no es el “legado” de Bourne que esperábamos.






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