27 oct. 2017


Sociedad enfermiza

Incómoda, arriesgada, inconexa, poderosa y desasosegante producción de cine independiente, escrita y dirigida por Lynne Ramsay, apoyándose en la novela de Lionel Shriver, para desarrollar una historia que encaja bien en un mundo familiar y social enfermizo.
Desde los primeros minutos, ya se intuye y se aprecia el toque especial que otorga Ramsay a la historia que pretende desarrollar, con secuencias pausadas, incómodas y provocativas, que no hacen presagiar al espectador, lo que va a presenciar a cada instante.

Juega con la ambigüedad de sus personajes y de la propia historia, para generar suspense y momentos de verdadera confusión en el espectador, logrando de esta manera mantener la atención del espectador en todo momento.
Destaca su empeño por ofrecer algo diferente a lo que esta acostumbrado el público, algo que sobre pase los límites de la lógica y del sentido común, llegando a remover los pensamientos del espectador, con contundencia y sin miramientos.

En su afán de ofrecer algo diferente y sorprendente, la historia se tambalea por el abuso de circunstancias extrañas, que levantan demasiado pronto las sospechas alrededor de uno de los personajes y desvelando precipitadamente sus tendencias.
El director, no consigue dar fluidez a la historia y llega a hacer que su presentación y desarrollo sea torpe y denso. Deja y ofrece destellos de calidad, pero no se apoya en una calidad técnica de calidad remarcable. Lo mejor y más destacable, reside en el aporte interpretativo del reparto y las lecturas que se pueden sacar de un relato tan enfermizo, como la propia sociedad actual.

La relación existente entre los personajes y sus motivaciones se van desvelando progresivamente y todo adquiere lógica, en un cierre que encaja las piezas del puzle mental que ha ido dejando por el camino, pero el hecho de que el final encaje con el principio, no hace que en su conjunto sea tan redonda.
Destacan las interpretaciones de sus protagonistas, con una estupenda pareja de veteranos, como: Tilda Swinton (Rompenieves) y John C. Reilly (Corazones de hierro), secundada por un deslumbrante y verdaderamente inquietante, Ezra Millar (Las ventajas de ser un marginado). Este último, se convierte en todo un monstruo, devorando y haciendo suya la película.

Genuina, inquietante y desasosegante producción que permite al espectador completar un puzle complejo, donde se ponen de manifiesto diversas cuestiones éticas y morales, dejando claro que la mente del ser humano, tiene uno de los funcionamientos más complejos del universo. En resumidas cuentas, Tenemos que hablar de Kevin, se introduce en la memoria del espectador y le pone a prueba, completando un relato pausado, enfermizo y sumamente interesante que no todos serán capaces de comprender.

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