1 nov. 2017


Más de lo mismo y más aburrido

Parece que el éxito de crítica y público de John Wick, ha animado a las productoras a apostar por la creación de nuevas aventuras centradas en el personaje protagonista. En este caso, lo hacen con un relato en apariencia sencillo, sobre la búsqueda y persecución de los hombres que le traicionaron, con el fin de acabar con todos.
Producto de acción puro y duro, creado y desarrollado para el lucimiento de su estrella protagonista, Keanu Reeves. Parte de una premisa básica y poco original, una venganza que sirve de excusa para dar rienda suelta a todo tipo de secuencias de acción espectaculares. Un punto de partida sencillo y eficaz que da paso a una vorágine de combates y enfrentamientos a mano armada de los que pocos saldrán ilesos.


Repite en las funciones de dirección, Chad Stahelski, uno de los encargados de hacer realidad la primera entrega, John Wick. Los responsables de la secuela dedican poco tiempo para desarrollar una historia relativamente atractiva o medianamente interesante, cayendo en la trampa de repetir la fórmula de la primera entrega. Siguen las normas y reglas establecidas de su antecesora, pero llegan a cansar e incluso aburrir.
La película posee un estilo visual muy estilizado, con un tratamiento oscuro de la imagen, donde hay espacio para una estética moderna y elegante con el que ofrecer un producto cuidado. No deja espacio para el descanso y ofrece un universo particular, donde los códigos y leyes entre mafiosos se van presentando progresivamente para ubicar al espectador en la acción.


Ofrece unas coreografías de enfrentamiento dinámicas y muy cuidadas, evitando caer en el barullo fácil donde no se distingue nada, consiguiendo ofrecer un entretenimiento acelerado donde hay que olvidar la lógica y dejarse llevar por el entusiasmo que produce en el espectador.
Lo que, en un principio, puede ser el punto fuerte de la película, esa constante oleada de acción y violencia se convierte, al mismo tiempo, en uno de los talones de Aquiles de la producción, ya que los responsables de la película llegan a saturarla de infinitos enfrentamientos, lo que hace que pueda resultar excesivamente reiterativa.


En el reparto encontramos a un intérprete recuperado para el cine de acción, Keanu Reeves, acompañado por diversos intérpretes de renombre, como: Laurence Fishburne, Ian McShane y Peter Stormare,   aportando cierto nivel interpretativo al conjunto de la película. Algo que Keanu Reeves, no consigue por mucho que lo intente.
Otro punto a destacar de la película es la selección musical llevada a cabo por sus responsables, con la que logran aportar temas “molones” para una película “guay”. En un evidente y notorio intento de conseguir sacar beneficios económicos con su banda sonora.


 Se repiten la fórmula y las bases de su predecesora, John Wick, ofreciendo algo que se antoja demasiado forzado y que en ningún momento llega a funcionar.  Personalmente debo decir que no me ha gustado, me ha llegado a aburrir y lo peor de todo, es que apunta a futuras secuelas.
En resumidas cuentas, John Wick: Pacto de sangre, no ofrece nada nuevo, cayendo en la reiteración de ideas y situaciones. Se hace lenta, pesada y monótona, dejando en evidencia la falta de ideas por parte de sus responsables, puesto que se limitan a repetir la fórmula del éxito de su predecesora, pero sin buena puntería.


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