16 dic. 2017


Gran recuerdo de infancia

Nos encontramos ante una de esas producciones de finales de los años 80 y principios de los 90, donde se realizaba un tipo de cine desenfadado y entrañable en el que se buscaba el entretenimiento del espectador, apoyándose en todo tipo de relatos en los que se mezclaban la aventura y el humor. En este caso, Howard: un nuevo héroe, presenta la historia de un entrañable y peculiar personaje teletransportado por error a la tierra, un pato.

Desde un lejano planeta, y debido a un error de un laboratorio espacial, llega a La Tierra teletransportado un extraño personaje, un pato que dice llamarse Howard. Es acogido en casa de una joven que es vocal de un grupo de rock. Cuando un experimentado doctor intenta devolverle a su planeta, la energía diabólica del experimento le atrapa, transformándole en el terrible Señor de las Tinieblas y Howard tendrá que enfrentarse a él.
La premisa inicial deja claro que los responsables de la película pretenden ofrecer un entretenimiento plagado de humor y terror, repartido a partes iguales, realizando un pequeño homenaje al cine de terror, con un guiño especial a los extraterrestres.

El estilo visual y el nivel interpretativo que ofrecen los integrantes del reparto colocan a la película en la categoría de producción floja y desenfadada, donde se pretendía ofrecer instantes de terror y ciencia ficción combinados con humor de una forma dinámica, algo que, en realidad, se consigue gracias al carisma y simpatía que despierta el pato protagonista. Los responsables de la película debieron pasarlo bien explotando todo tipo de ideas ingeniosas alrededor del estilo de vida de Howard.
El director, Willard Huyck (La mejor defensa... ¡El ataque!), logra captar la atención del espectador gracias a unos personajes entrañables y a toda una serie de circunstancias que hacen que la acción y el interés no decaigan en ningún momento, logrando ofrecer un entretenimiento de primera calidad.

Como ya mencionaba anteriormente, no cuenta con unas grandes interpretaciones. De hecho, pueden llegar a resultar bochornosas y lamentables. En este punto es inevitable mencionar la participación de un joven y casi irreconocible, Tim Robinns. Futuro ganador del Oscar como mejor secundario por la película de Clint Eastwood, Mistyc River.
Uno de los atractivos de la película reside, en gran medida, en el empleo de unos efectos artesanales donde se aprecia notablemente el empleo de maquetas y criaturas creadas a base de goma y silicona.

Los responsables de la película, logran encontrar el tono acertado para el relato, ofreciendo diversión y aventuras que nos permiten conocer a un grupo particular de personajes carismáticos e incluso entrañables, condenados a entenderse de alguna forma.
Uno de esos casos que la crítica pone a caldo y que para mí, aficionado al cine y crítico por entretenimiento, sigue teniendo su espacio entre mis grandes recuerdos de infancia.




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